Capitulo 51

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Massimo:

Anastasia abraza a su hermana con una maldita dulzura que debería darme paz, pero solo me envenena.

Susurra algo en su oído. Ríe. Y por un segundo, solo por un puto segundo, quiero arrancarla de esta casa y llevármela lejos. Que solo me mire a mí. Que solo me toque a mí.

Mi mandíbula se tensa.

No puedo tocarla sin sentir el miedo arrastrándose por mi espalda. No puedo mirarla sin que mi odio se mezcle con el deseo.

La necesito. La odio. Me enferma todo esto.

Mis dedos se clavan en mis brazos. Me obligo a no moverme. No ir hacia ella. No decir nada. No mostrar nada.

No soy débil. No otra vez.

Ella se gira y me lanza esa mirada suya tan limpia. Tan jodidamente limpia que parece mentira. No entiendo cómo algo tan hermoso puede doler tanto.

Ella no es Katherine. Pero mi cerebro no sabe la diferencia. O no quiere saberla. Porque si le creo, si confío puedo volver a romperme.

Y no pienso romperme. No por otra Wistanley.

—El avión está por salir —murmuro sin emoción, sin girarme a verla. No puedo. Si la miro, todo se va a la mierda.

Llevo todo dos dias tratándola así. Frío. Distante. Un capullo, básicamente. Y me revienta tener que hacerlo. Me revienta cada maldito segundo.

Pero es que no puedo olvidarlo.

Es su hermana.

La jodida hermana de Katherine.

Y aunque no tenga la culpa, aunque ella no haya hecho nada, aunque su voz sea dulce y sus gestos tan jodidamente inocentes no puedo.

No puedo verla sin recordar lo que Katherine me hizo. No puedo desearla sin sentir que me estoy traicionando a mí mismo. Que estoy cayendo en la misma trampa, solo con otra cara.

La deseo.

Dios, cómo la deseo.

Hasta el punto de que me arde el cuerpo. Hasta el punto de que quiero arrancarme las manos para no tocarla. Hasta el punto de que verla respirar me enoja porque no puedo tenerla como quiero.

Pero también la odio.

La odio por existir con esa dulzura que me quiebra las defensas. La odio por tener la misma sangre maldita.

¿Y si son iguales? ¿Y si, al final, también me destruye?

No sé si puedo arriesgarme otra vez.

Y lo peor es que, incluso sabiendo todo eso, sigo queriéndola cerca de mi. Sigo viéndola y deseando que no fuera lo que es.

Que no fuera su hermana.

Que no tuviera esa sangre.

Ella asiente.

Se acomoda el bolso al hombro y camina hacia la salida.nLa sigo. Cruzo detrás de ella la puerta de la casa. Cada paso que doy me retumba en las sienes. Me arde la cabeza. Me late con fuerza. La luz me molesta, los sonidos me crispan.

Necesito mis pastillas.

Siento la ansiedad reptando por mi pecho, trepando, apretándome el cuello. Ella es el maldito desencadenante. La forma en la que habla, en la que me mira, en la que respira cerca de mí.

Mi mano se cierra sobre el frasco en el bolsillo del pantalón. No lo abro todavía. Pero lo necesito. Me está empujando al borde y ni siquiera lo sabe.

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora