Massimo:
Apoyo el codo en la barra mientras hago girar el vaso medio vacío. El hielo ya se derritió hace rato, pero igual me lo llevo a los labios y dejo que el whisky me queme la garganta.
—¿Quiere que mande a buscar a la elegida? —dice uno de mis hombres.
Gruño.
—No.
Ni siquiera necesito pensarlo. Hace rato que Elena no me produce nada. Ni una chispa. Nada. Y ahora que lo pienso bien… desde que conocí a Anastasia, nadie más me provoca deseo.
Le doy otro trago al vaso. El líquido baja como agua, pero siento el pecho más pesado con cada sorbo. Miro alrededor, pero todo empieza a volverse borroso. Las luces bailan. Las voces se mezclan. Ya van dos horas aquí, y lo único que he conseguido es una mente más nublada.
Siento un perfume fuerte, dulce y molesto antes de verla. Elena. Se me acerca por el lado derecho, apoyando el codo en la barra como si estuviera en su casa. Lleva un vestido rojo escotado.
—Vaya, vaya… —dice, arrastrando las palabras con tono burlón—. ¿Problemas en el paraíso, mi señor?
Entrecierro los ojos.
—Lárgate, Elena. No te mandé a llamar.
Ella se ríe. Se acerca más, rozándome el brazo con el suyo.
—Vamos… no tienes que estar solo en tu cumpleaños. Pensé que tal vez... te apetecía algo que ya conoces bien.
Aprieto la mandíbula.
—Mete las narices en tus asuntos. No estoy de humor para tus jueguitos.
Sus ojos brillan con desafío, pero yo ya no estoy para esas mierdas. Ni siquiera me molesto en mirarla más. Porque por más borroso que tenga todo su cara no es la que quiero ver.
Es la primera mujer que toqué después de Katherine… Bueno, la única que no terminó muerta o sin ojos. Supongo que eso ya dice bastante.
Es buena en la cama, no puedo negarlo. Sumisa, entregada, sabe moverse sin que tenga que decir mucho. Y eso me sirvió en su momento. Pero su maldito ego de creerse “la elegida del líder” me hartó.
La miro de reojo.
—No eres nada —murmuro casi para mí, sin despegar la mirada del vaso—. Nunca lo fuiste.
Baja la cabeza.
—Perdón, Líder —dice con voz suave y melosa—. Solo pensé que quizás... querías compañía.
Me ofrece un vaso de whisky.
Lo observo. Sé que no debería aceptarlo. No de ella.
Pero llevo más de dos horas aquí.
Estoy jodidamente cansado.
Jodidamente harto.
Y ya estoy borracho, así que qué más da.
—Déjalo ahí.
Lo pone frente a mí. Y lo agarro sin mirarla, me lo llevo de un solo trago a la boca. Pasan unos minutos. O eso creo. Porque el tiempo empieza a joderse.
Todo se vuelve más borroso.
La música suena como si estuviera bajo el agua.
Y Elena… ya no es Elena.
Es Ana.
—Cielo… —susurro.
No entiendo qué carajos está pasando. Todo se siente... lejano. Distorsionado. Como si mi cuerpo no respondiera, como si mi cabeza flotara a kilómetros de mí.
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomanceDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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