Anastasia:
Entro con la caja de pizza en la mano, todavía sonriendo por lo de hace rato. Massimo me dejó en la entrada porque tenía unas cosas que resolver en el club, así que subo sola. Abro la puerta y apenas pongo un pie en la sala, se me borra la sonrisa.
Están Ann, Atenea y Camille Sentadas en el sofá.
Pongo los ojos en blanco y doy un paso hacia atrás, con toda la intención de darme media vuelta y largarme a mi cuarto. Pero me quedo quieta. Frunzo el ceño.
¿Y por qué carajo tengo que devolverme yo?
Si yo no fui la mentirosa.
Si yo no hice nada malo.
Esa también es mi casa. No pienso estar esquivando a las hermanas de mi esposo como si fuera una intrusa. Apenas me ven, Aitana y Gael salen disparados hacia mí.
-¡Rubia! -grita Gael emocionado.
-¿Trajiste pizza? -pregunta Aitana, casi brincando.
Sonrío de lado, agachándome un poco para entregarles la caja.
-Sí, es toda suya -les digo.
Ann aprieta la mandíbula como si masticara clavos.
-Eso tiene demasiada grasa. No deberían estar comiendo eso.
Respiro hondo. Me muerdo el interior de la mejilla.
-Vamos a comer a mi habitación -les digo a los niños con una sonrisa.
Gael y Atenea se miran entre ellos, después miran a Ann. Se nota la duda en sus caritas.
-Yo soy la madre -salta Ann -, y estoy diciendo que no deben comer eso. ¿Tienes problemas de audición?
Levanto la mirada.
-No es que tenga problemas de audición -respondo tranquila -. Es que mis oídos tienden a ignorar a las personas ridículas.
Camille suelta una risita mientras baja la mirada para disimularla. Gael y Aitana no saben dónde meterse.
-Vamos, vayan a jugar un rato -dice Atenea, dándoles una mirada que los calma un poco.
Cuando los dos se pierden por el pasillo, me giro lentamente hacia Ann. Ya no me esfuerzo por sonreír.
-Podrías intentar ser un poco más respetuosa.
Ann se cruza de brazos.
-La que está siendo grosera aquí eres tú.
La miro en silencio unos segundos.
-Claro, Ann... lo que tú digas.
Estoy a punto de subir las escaleras cuando escucho la voz burlona de Camille clavándose directo en mi nuca.
-¿Le gustó el pastel a tu esposo?
Me detengo en seco. Me paso la lengua por los dientes, conteniendo la respuesta que quiere salir. Cierro los ojos un segundo.
Me doy la vuelta despacio y las miro a ambas.
-¿Qué mierda tienen contra mí? -Ann sacude la cabeza con una sonrisa irónica. -Desde que llegué a esta casa me tratan como si fuera una plaga, como si tuviera que disculparme por existir. Ni siquiera les he hecho nada. Absolutamente nada.
Mis manos están apretadas a los costados.
-No soy su enemiga. -Veo cómo Camille mira a Atenea por un segundo. Y cómo Ann arruga apenas la frente. -Y no sé qué historia se han armado en su cabeza, pero si están esperando que me humille o que me vaya van a tener que esperar sentadas.
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomanceDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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