Massimo:
Máscara hija de puta. No sé qué le ven los adolescentes a esto de disfrazarse, pero a mí me corta completamente el rollo. Lo único que consigue menguar mi molestia es escuchar los pasos del duende que viene detrás de mí.
Me alegra haber superado por fin la fase de los mensajes. Después de tanto tiempo limitado a una pantalla, ahora puedo besarla, verla y meterle mano. Mucho mejor que escribirle.
Es lo único que ha valido la pena esta noche, además de la mamada que me espera. Algo me dice que, después de esto, cualquier otra va a parecerme bastante mediocre en comparación.
La lluvia arrecia de golpe y la escucho quejarse detrás de mí. Es increíblemente quejica. Esta noche voy a darle unas cuantas razones más para quejarse.
Me reacomodo los pantalones, a este paso voy a terminar rompiéndolos. La pequeña casa de los empleados empieza a hacerse visible entre los árboles y, Anastasia me rebasa. Acelero un poco el paso para no perder de vista ese culo regordete.
Es mío.
Abro la puerta para ella y la dejo entrar primero. El lugar no es demasiado grande; de hecho, resulta bastante austero. No hay chimenea ni nada que pueda proporcionarnos calor, apenas una pequeña cama, una mesita de noche completamente vacía y un armario de madera donde hay dos mantas.
También había un camisón que queme horas antes.
—¿Cómo sabías que existía esta pequeña casa? —inquiere la rubia, paseando la mirada por las paredes y los escasos muebles.
—Superpoderes.
No me gusta que hablemos tanto. No es lo que quiero ahora mismo. Además, nunca he sido una persona particularmente inclinada a contar sus cosas; prefiero guardar mis asuntos para mí y dejar que los demás hagan sus propias conjeturas.
Mis hombres se han ocupado de inspeccionar la propiedad mucho antes de que yo pusiera un pie aquí. Me han informado de cada acceso, cada habitación y cada rincón que pudiera serme útil. No acostumbro a entrar en lugares que desconozco sin tener una mínima idea de lo que me espera. Con enemigos que podrían aparecer armados en cualquier momento, confiar únicamente en la suerte sería una estupidez.
Por mucho que me atraiga el coño de la alemana, no voy a permitir que esa atracción nuble mi juicio.
—Está haciendo bastante frío, ¿no crees? —intenta iniciar otra conversación.
—Pues ven y caliéntame.
Se queda contemplando el suelo, con el ceño ligeramente fruncido. Lo hace con una frecuencia casi comparable a la de sus sonrisas.
Su hermana no era de sonreír mucho, o al menos no conmigo. Con el grupo de amigos que tenía entonces se la pasaba riendo, parecía otra persona. Pero cuando estaba en casa era completamente diferente; se mostraba apagada.
«No pienses en tu ex ahora, imbécil. Concéntrate en el presente y deja de desenterrar recuerdos que no vienen a cuento. Menos aún cuando esa hija de perra probablemente ni se acuerda de mí»
Estoy con la mujer más hermosa de Italia, mirándome como si hubiera descendido directamente del cielo. Y, por la forma en que busca mi atención, resulta evidente que está tan necesitada de afecto que probablemente haría cualquier cosa por sentirse querida.
El suelo se moja bajo nuestros pies mientras me acerco a ella. Le tomo la mandíbula con firmeza, inclinándole el rostro hacia mí y obligándola a sostenerme la mirada.
—Sea lo que sea que esté pasando por esa cabecita, estás equivocada, duende. Así que hazte un favor y apaga ese brillo de tus ojos —mis dedos recorren su mandíbula, rozan sus mejillas y ascienden hasta sus cejas — No somos permanentes. Lo nuestro será pasajero.
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomanceDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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