Capitulo 14

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Massimo:

Me acomodo en la oscuridad de su balcón, observando cómo finalmente se rinde al sueño. Se mueve un poco entre las sábanas, pero no se cubre. Respira tranquila

Cuando estoy seguro de que está profundamente dormida, entro.

La habitación está bañada en una penumbra suave, iluminada solo por la tenue luz de la calle que se cuela por la ventana.

Las bragas de encaje se ajustan a sus caderas, apenas un pedazo de tela entre su piel y mi mirada. El sujetador es igual de simple, resaltando la curva de sus senos, la línea esbelta de su torso, la suavidad de su abdomen. Sus muslos se ven cálidos. Es una imagen perfecta, demasiado tentadora en su vulnerabilidad.

Me acerco, se que si ahora pasara mis manos por su cuerpo, se arquearía inconscientemente hacia mi toque.

Me arrodillo junto a la cama, observándola de cerca. Su piel tiene un leve rubor. Paso los dedos sobre la sábana sin tocarla.

Podría despertarla.

Podría hacer que abriera los ojos y viera que no está sola.

Pero me conformo con mirarla un poco más.

Sus bragas son distintas a las primeras que me llevé. Las otras aún las conservo, las toco a veces mientras yo también me tocó, que es más seguido de lo que me gustaría.

La tela del sujetador parece molestarla o eso me digo para bajárselo. El cierre cede  y las tiras se deslizan por sus hombros. Sus tetas quedan libres y rebotan ligeramente. Tiene los pezones más pálidos que he visto, un rosa casi transparente, fruncidos por el aire. La boca se me hace agua mientras con el dedo lo rodeo apenas rozando el borde.

Un movimiento mínimo que hace que se gire, dándome la espalda. Recuesto la frente en su espalda, justo entre los omóplatos, y respiro hondo. Su olor a vainilla me sube por la nariz y me manda corrientes eléctricas directo a la entrepierna. Mis manos suben hasta volver a encontrar el peso de sus pechos, ahora sin tela que los contenga. Los amaso con suavidad, se endurecen aún más bajo mis palmas.

Mis labios rozan la curva de su cuello, después la línea de su hombro. Bajo un poco más, besando la columna, mientras mis dedos siguen jugando con esos pezones pálidos.

El olor a vainilla se mezcla ahora con el aroma íntimo que empieza a salir de entre sus piernas. Sigo bajando la boca por su espalda, dejando un rastro húmedo, hasta llegar a la curva de su cintura.

La giro despacio. Sigue profundamente dormida, mi chica es de sueño pesado y no puedo alegrarme mas . Su cuerpo se deja mover sin resistencia. Ahora queda boca arriba.

Apoyo la cara contra uno de sus senos.

—Me traes loco, duende.

Mis dedos encuentran el elástico de las bragas y lo tiran hacia abajo. La tela se desliza por sus caderas dejando al descubierto su coño que es rosado. Me arden los labios de ganas de comérselo, en cambio agarro sus senos, sosteniendo mi peso para no aplastarla, y me meto uno en la boca. Succiono dejando que el sabor de su piel me inunde, un leve suspiro escapa de sus labios.

Sigo así un rato largo, alternando de un seno al otro. Cuando siento que ya no puedo más, que la necesidad de bajar y comerle el coño me está volviendo loco de verdad, me aparto.

Sus pechos brillan por mi saliva.

Mi mandíbula se marca cuando paso la lengua por mis dientes. Rápidamente vuelvo a poner sus bragas en su lugar, para no dejar evidencias y abrochó su sujetador.

Me acomodo en el sillón junto a su cama, dejando que la penumbra me cubra mientras la observo. Cruzo una pierna sobre la otra, he peleado con una de mis hermanas y estoy alterado.

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora