Anastasia:
Si le hago caso.
Mis dedos vuelven a moverse solos. O eso quiero creer. Porque no hay forma de que esté respondiendo esto de manera consciente.
—¿Qué tan lejos estás dispuesto a llegar para verlas otra vez?
Alexa ahoga una carcajada.
—¿Quieres comprobarlo?
Me quedo quieta y Alexa me jalonea.
—No, dile que no quieres comprobarlo.
—Dicelo antes de que entre y se de cuenta que no estás solas —chilla Emily asustada —Si quiere matar a alguien es a ti.
—Oye, que mala —hago un mohin.
—Mala voy a quedar si me clavan un cuchillo en la nalga.
Mi celular vibra de nuevo.
—Mira por la ventana.
El aire se me atora en la garganta.
—No lo hagas —dice Emily, con los ojos abiertos como platos. —¡Te lo dije!
Con el corazón latiéndome a mil, corro la cortina.
Ahí, de pie, en la acera de enfrente. Vestido completamente de negro, con las manos en los bolsillos y la cabeza ladeada, tiene una capucha que no permita ver su rostro.
Observándome.
Mis piernas se debilitan. Me sostengo del borde de la ventana, sintiendo el pecho subir y bajar descontroladamente.
El teléfono vibra una vez más.
—Dulces sueños, cielo.
—Cierra la cortina. Ya. —susurra Emily.
Mis manos tiemblan cuando suelto la tela y retrocedo.
—¿Viste su cara? —pregunta Alexa en un susurro.
Niego con la cabeza.
—Estaba… demasiado oscuro.
Pero los ojos sí los vi.
No sé cómo me muevo hasta la cama, pero cuando me dejo caer sobre el colchón siento el pulso en los oídos.
—Esto no es normal —masculla Emily, agarrando su teléfono—. Hay que llamar a alguien.
—¿Y qué decimos? —mi voz suena ahogada—. “Hola, un tipo me ha estado acosando por Instagram y ahora está afuera de mi casa, pero no tengo pruebas, ni su cara, ni su nombre. Solo sé que tiene los ojos azules y me robó las bragas”.
Alexa se atraganta con su propia risa.
—Lo dices así y hasta parece un romance retorcido.
—No es un romance, es un problema.
Mis dedos aprietan las sábanas.
El teléfono vibra otra vez.
Todas lo miramos. Nadie se mueve.
Hasta que Alexa lo agarra y me lo extiende.
—Contesta.
—¿Qué?
—Si está afuera, de cualquier forma ya sabe que lo viste. Contesta.
Trago saliva.
Y deslizo el dedo en la pantalla.
—¿Hola?
Silencio.
—¿Me gane las bragas? —cuestiona burlón.
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomanceDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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