Anastasia:
Camino decidida por el pasillo, jalando a Nemesia del brazo mientras ella intenta seguirme sin tropezarse con sus propios pies.
—¿Estás segura de que está dormido? —susurra, mirando hacia atrás.
—Lo comprobé yo misma —respondo—. Ropa tirada, cuerpo tirado y cara de muerto. Está noqueado.
Nemesia suelta una risita, pero se calla en cuanto cruzamos el umbral de la cocina. Nos congelamos al instante. Hay más de doce personas dentro, entre personal, cocineros y asistentes, todos haciendo lo suyo... hasta que nos ven.
De inmediato, como si alguien hubiera dado una orden silenciosa, todos bajan la cabeza y se alinean a los lados, dejando el centro del lugar libre. Nos miran con respeto... ¿o miedo?
—¿Desea algo de la cocina, señora? Podemos llevarle lo que quiera —dice uno de los chefs, casi sin levantar la mirada.
—¿Quiere que le sirvamos algo dulce? ¿Algún té? —pregunta otra mujer.
Parpadeo, sorprendida, y luego sonrío incomoda.
—No, gracias —digo con amabilidad—. Solo voy a... hacer un pastel.
Todos se quedan en silencio. Solo se escucha el zumbido del refrigerador y algún que otro cuchillo puesto con cuidado en una tabla. Me miran confundidos.
—¿Un... pastel, señora? —repite uno, claramente perdido.
Asiento, orgullosa.
—Sí, un pastel.
Uno de los cocineros, un señor mayor con gorro blanco perfectamente alineado, da un paso al frente con una mezcla de confusión y preocupación.
—Señora, nosotros podemos hacerlo. Díganos qué quiere y lo tendrá en minutos.
Otro asiente detrás de él.
—Sí, no tiene que ensuciarse las manos, para eso estamos nosotros.
Sonrío sin borrar la expresión que llevo desde que entré, pero niego con la cabeza con un gesto suave.
—Gracias, de verdad. Pero no voy a tardar nada. Solo quiero hacerlo yo. Es una sorpresa —les guiño un ojo—. Pero necesito que me prometan que no le van a decir nada al señor.
Hay un par de murmullos incómodos. Nadie se atreve a decir ni que sí ni que no. Así que agrego, bajando un poco la voz.
—Por favor… confíen en mí. Él no tiene que enterarse aún.
El señor del gorro traga saliva, pero finalmente asiente con lentitud, seguido por los demás. Uno incluso murmura un "como ordene", y Nemesia suelta una carcajada al verlos tan obedientes.
—Esto es una locura —susurra cerca de mi oído—. Me encanta.
—Shhh, ve pasándome los ingredientes —le respondo, caminando hacia la alacena con una sonrisita orgullosa. La idea de hornear algo para Massimo sin que lo sepa me da una satisfacción extraña.
Todos siguen de pie, en el mismo lugar, sin moverse ni un milímetro. Me apoyo en un pie, luego en el otro, incómoda, mordiéndome el labio.
—¿Van a quedarse así toda la tarde? —pregunto, con un toque de humor.
Nadie se ríe.
Bajan un poco más la cabeza.
—Vamos, en serio —insisto, dando un par de pasos hacia el centro—. Dense un descanso. No sé, vayan a comer algo, a sentarse, a ver el mar. Yo me encargo aquí por tres horitas. No necesito tanto.
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomantikDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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