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Massimo:
—Porque ella es tu esposa, Massimo. No una cualquiera, no una amante, no una aventura —brama mi abuelo desde el otro lado del escritorio, golpeando su bastón contra el suelo como si así fuera a meterme algo en la cabeza.
Veo cómo su boca se mueve. Honestamente, no he escuchado ni la mitad de lo que ha dicho desde que cruzó la puerta. Lleva hablando al menos veinte minutos. Veinte minutos de monólogo dramático sobre el deber, el apellido, la reputación, la familia. Lo de siempre.
No sé si es el cansancio, el remordimiento o el hecho de que todo esto ya me tiene hasta la madre, pero solo escucho fragmentos sueltos.
“…no la cuidaste…”
“…vergüenza para los Lombardi…”
“…todas tus hermanas hablaban de cómo la dejaste sola…”
“…Elena es un problema que tú creaste, no ella…”
Y me importa una mierda.
Porque estoy harto. Porque toda mi maldita vida han intentado decirme qué hacer, cómo actuar, a quién amar, con quién casarme. Y ahora que por una vez tomé una decisión —una que ni siquiera fue planeada, pero que de alguna jodida forma quiero— todos están respirándome en la nuca. Fiscalizando cada paso. Como si fueran ellos los que tienen que vivir con las consecuencias.
Cruzo una pierna sobre la otra y dejo que mi vista se pierda por la ventana. El sol apenas filtra entre las cortinas, como si también le diera pereza salir. Igual que yo, que esta mañana apenas quise moverme de la cama.
Y ni hablar de Anastasia… que no ha hablado conmigo Desde anoche.
Pero eso al viejo no le importa. Él solo quiere resultados. Imágenes perfectas. Portadas de revista. Un nieto obediente, una esposa sonriente y una familia de porcelana. Lo que pasa detrás de puertas cerradas, le vale mierda.
—¿Me estás escuchando, Massimo? —gruñe, interrumpiendo mi fuga mental.
—Perfectamente, nonno —miento. —La reputación, la familia, la esposa. Lo tengo todo anotado aquí —golpeo mi sien con dos dedos.
—La estás empujando —Vuelve a hablar, su tono ya no tan airado, sino casi… resignado—. Igual que hiciste con Katherine.
Mi ceja se alza por puro reflejo. Qué mierda tiene que ver Katherine en esto ahora.
—Tú… —continúa, apoyándose en el bastón con más fuerza—, estás acostumbrado a subestimar a las mujeres con las que te involucras. Crees que porque sonríen o se quedan calladas cuando deberías estar durmiendo en el sofá, no están acumulando fuego. Pero todo tiene un límite. Katherine lo tuvo. Y tú lo pasaste.
Suelto una risa seca.
—No compares a Anastasia con Katherine.
—¿Por qué no? ¿Por qué esta es mas amorosa? ¿Más inocente? ¿Porque no te ha amenazado aún con un cuchillo?
—Porque Anastasia no haría nada —respondo sin siquiera pensarlo. Mi voz sale más tranquila de lo que esperaba, incluso confiada—. No es capaz de matar una mosca. Es un maldito ángel. No tengo que preocuparme por ella.
Mi abuelo me mira como si acabara de decir la estupidez más grande del siglo.
—¿Estás seguro de que seguirá siendo ese ángel cuando se entere de la verdad? —pregunta —. ¿Estás tan convencido de que te va a seguir mirando igual?
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomanceDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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