Capitulo 79

5.3K 310 55
                                        

3

Anastasia:

Salto del auto casi antes de que se detenga por completo. El chofer ni siquiera alcanza a abrirme la puerta, ya estoy corriendo, subiendo esas escaleras angostas que llevan al apartamento. Me tiemblan las manos.

«Por favor que no sea tarde, por favor.»

Llego al tercer piso con la respiración entrecortada y golpeo la puerta con fuerza, una, dos veces. Nada.

—¡Mama! —grito, pero no hay respuesta.

Me acerco más, y es entonces cuando escucho los sonidos. Gritos apagados. Golpes. Me paralizo un segundo, el corazón me da golpes brutales contra el pecho. Vuelvo a timbrar una, dos veces más. Nada.

—¡Padre! —golpeo con ambas manos, casi llorando de la desesperación.

Entonces se abre. Mi mamá.

Está empapada en lágrimas.

—¿Qué haces aquí?

—¿Dónde está papá? —digo pasando a su lado, sin darle tiempo a detenerme.

Entro y Nemesia corre hacia mí con un moretón gigante en el ojo, tiene los labios temblando. Me abraza con fuerza.

—Shhh, ya estoy aquí, ya estoy aquí —le susurro apretándola, sintiendo cómo se aferra a mí.

Mi padre está despotricando como un loco, tirando cosas, gritando incoherencias.

—¡Me va a convertir en un asesino! ¡Malagradecida!

Mis piernas tiemblan. No puedo gritarle. No me sale. Solo consigo decir con voz baja:

—¿Qué… qué pasa?

Gira la cabeza lentamente, clavando sus ojos en mí. Me congelo. Siento como si el tiempo se detuviera un segundo, y luego viene hacia nosotras con pasos pesados y furiosos.

Mi cuerpo reacciona antes de que mi mente lo procese. Me pongo delante de Nemesia, tan encogida que parece que intento hacerme invisible. Pero no me muevo.

—¡¿Ahora incluso llamas a Anastasia como si ella pudiera hacer algo?! —escupe con rabia, y siento su aliento demasiado cerca—. ¡Eres una maldita deshonra! ¡Una vergüenza! ¡Es un castigo tenerlas como hijas!

—No… no me llamó —balbuceo, con la voz temblando—. Yo… yo solo pasaba… quería ver… quería ver a mi mama. Lo juro… no me llamó, no lo hizo…

Pero no me escucha. Sigue vociferando, diciendo cosas horribles, lanzando insultos. No puedo ni mirarlo a los ojos.

Nemesia, detrás de mí, tiembla. Siento sus dedos aferrándose a mi chaqueta como si se fuera a caer al vacío.

—¡¿Quién es el padre, ah?! —grita de pronto, y su voz retumba en las paredes del apartamento —. ¡Dímelo, Nemesia! ¡¿Quién es el desgraciado que te preñó?!

Me quedo paralizada. El corazón se me cae al estómago y siento que me falta el aire.

—¿D-de qué hablas? —pregunto.

Me mira como si recién recordara que existo. Sus ojos rojos de ira se clavan en los míos.

—¡Tu hermana! ¡Tu hermana salió de zorra y está embarazada! ¡Vi la prueba! ¡Esa niña... esa desgraciada! —escupe —. ¡Y me lo va a decir ahora! ¡Porque voy a matarlo! ¡Voy a matarlo a él y a ella si me sigue mintiendo!

Mi respiración se corta. Trago saliva, y todo mi cuerpo entra en alerta. Mi hermana. Tiembla. Sé que está aterrada. Y yo también lo estoy. Mucho.

—La prueba… —Me aclaro la garganta—. La prueba es mía.

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora