Anastasia:
Estoy sentada en el piso de la sala con una manta sobre las piernas, rodeada de cartas de Uno por todas partes. Danilo está a mi derecha, Nemesia frente a mí.
—No puedes poner un +4 encima de otro +4 —chilla Danilo con los ojos abiertos como platos.
—¡Claro que sí puedo! —respondo mientras le lanzo la carta —. Reglas de la casa.
—Injusta, Dictadora —protesta, y Nemesia solo se echa a reír, acomodándose sus lentes.
Mi madre está en la cocina, tarareando alguna canción que reconozco pero no recuerdo el nombre. Papá salió temprano a trabajar, así que ahora solo somos nosotros.
Río cuando Danilo finge llorar porque tiene que robar ocho cartas, y Nemesia le da un codazo por dramático. Me duele un poco la cara de tanto sonreír.
Se escucha un par de golpes en la puerta.
—Ana, ve tú —me dice mi mamá, secándose las manos en el delantal.
Respiro hondo mientras me levanto, y camino hacia la puerta con paso tranquilo. No tengo ni idea de quién puede ser, pero con lo que pase esta semana, ya no me sorprendería ni una invasión extraterrestre.
Me quedo paralizada. Literalmente no puedo moverme. Massimo está parado frente a mi.
—Hola —dice.
—Hola —respondo. Siento el calor subiéndome al rostro, sé que estoy roja como un tomate.
—¿Quién es? —grita mi mamá desde la cocina.
—Pasa —le digo a Massimo sin dejar de mirar sus ojos.
—¿Quieres que pase?
Trago saliva. Me aclaro la garganta y sonrió.
—La casa es tuya… puedes entrar y salir cuando quieras.
Massimo da un paso. Luego otro. Doy un paso hacia el costado, dejándole el camino libre mientras cierro la puerta con suavidad. Mi corazón va a mil.
Nemesia es la primera en verlo. Se levanta de golpe, casi voltea el sofá. Danilo la sigue al instante, poniéndose firme como si estuvieran en formación. Ambos sonríen, pero sus rostros están tensos.
—¡Cuñado! —dice Nemesia —. Qué gusto verte por aquí.
—Buenos días —dice Danilo, igual de correcto. Hasta se acomoda la camiseta como si fuera una camisa de gala.
Desde la cocina, mi mamá asoma la cabeza y se queda quieta, con el cucharón a medio alzar.
—¡Oh! Señor lombardi... —dice, secándose las manos con un trapo—. El señor Patrick está de salida, pero qué bueno que pasó, no deje de venir pronto.
Massimo asiente, sin mucha expresión. Sus ojos no se mueven de los míos. Mis manos están frías, pero mi cara arde.
—¿Gusta tomar asiento? Mi esposo no debe tardar, si quiere esperarlo…
Massimo niega con la cabeza de inmediato, sin apartar la mirada de mí.
—Gracias, señora —dice, con voz grave y cortante—. Pero no vine por Patrick. Vine a hablar con mi esposa.
Mis dedos se aprietan sin darme cuenta. Todos me miran.
—¿Podemos hablar? —me pregunta directamente.
Mi garganta se seca. Trago saliva, asiento con un leve movimiento y paso por su lado para ir a una habitación. Nemesia y Danilo intercambian una mirada rápida. Mi mamá da un paso atrás, pero sigue con los ojos en nosotros.
ESTÁS LEYENDO
Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomansaDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
![Bajo tu Dominio [LIBRO #1]](https://img.wattpad.com/cover/378382649-64-k4227.jpg)