Capitulo 64

5.5K 298 69
                                        

Anastasia:

Ya estoy en la mansión. No sé cómo, pero aquí estoy. Valentina viene mañana para lo del trabajo, y tengo una salida con Massimo esta noche.

Subo las escaleras, pero antes de llegar a mi habitación, escucho voces. Me detengo. Reconozco la risa de Elio primero, luego la voz pausada de Lorenzo. Me asomo un poco, el abuelo esta sentado en uno de los sillones con Elio en brazos, hablándole bajito.

Me acerco con una sonrisa, tratando de no hacer ruido para no interrumpir ese momento que, honestamente, se ve demasiado bonito.

—¿Qué están tramando ustedes dos? —pregunto en tono suave, inclinándome un poco hacia Elio.

El pequeño me lanza una sonrisa babosa y extiende sus manitos hacia mí.

—Planeábamos dominar el mundo —responde Lorenzo con media sonrisa—, pero creo que Elio se distrajo con sus pies.

Suelto una pequeña risa y me siento en el brazo del sillón, acariciando suavemente los cachetes de Elio.

—Eso suena a un gran plan. ¿Ya decidieron si van a conquistar antes Europa o Asia?

—Dependerá de si tú te unes o no —dice y sonrió.

Elio frunce el ceño de repente, hace un ruidito extraño con la boca… y empieza a llorar.

—Ah, ya empezamos —murmura Lorenzo, poniéndose de pie—. Debe tener hambre. Iré a buscar a Atenea, seguro ya es hora de que lo amamante.

Me extiende al bebé con cuidado, y lo recibo con un poco de torpeza. No es que no sepa cómo cargarlo, pero siempre me da miedo que se me caiga o algo.

—Shh, Elio, shh… —le susurro, acomodándolo contra mi pecho mientras le acaricio la espalda—. Ya, ya, no es para tanto. A mí también me dan ganas de llorar cuando tengo hambre.

Le doy golpecitos suaves en la espalda, caminando despacito por el pasillo.

—¿Ves? No está tan mal. ¿Sabías que vamos a salir esta noche? Tu tío Massimo va a llevarme a algún lugar… probablemente caro, probablemente innecesario —le digo en voz baja.

De repente suelta una especie de carcajada/Llanto.

—Claro, tú te ríes porque no tienes que maquillarte ni elegir vestido —respondo, balanceándolo suavemente—. Yo en cambio me estoy volviendo loca.

Empieza a mover sus piernitas y sus manitos.

— ¿Crees que esta noche tu tío me va a perdonar por haberle dado una cachetada?

Me escupe una burbuja de baba en respuesta.

—Perfecto. Claridad total.

Me río sola.

Escucho unas voces graves, en susurros, como un murmullo grueso que retumba en el pasillo. Me detengo y frunzo el ceño, girando la cabeza con lentitud.

Hay tres hombres gigantes. No es una exageración ni un drama mío, son enormes, con pinta de que podrían romper una puerta a cabezazos y seguir caminando como si nada.

Uno de ellos —el más alto, con el pelo rapado y una cicatriz en la ceja— me clava la mirada con descaro, sin molestarse en disimular. El segundo, más fornido y con barba espesa, se inclina hacia él y murmura:

—¿Será ella la esposa de Massimo?—susurra.

Mi espalda se tensa.

El tercero, con ojos oscuros y expresión hastiada, niega con la cabeza mientras me escanea de arriba abajo.

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora