Capitulo 49

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Anastasia:

La copa se balancea en mi mano como si fuera un juguete. La inclino, la giro, dejo que el líquido toque el borde y vuelva al centro. No me gusta el alcohol. Nunca me ha gustado. Pero me gusta parecer ocupada. Me da una excusa para no hablar con nadie.

La boda fue un completo aburrimiento.

Sí, los arreglos eran lindos, las flores olían bien, la música sonaba perfecta. Pero por dentro… todo se sentía hueco.

Massimo no me miró ni una sola vez cuando dije mis votos. Lo ví mirando algún punto perdido más allá del altar como si estuviera haciendo fuerza para no salir corriendo. Esperaba ver algo en su cara. Curiosidad, sarcasmo, diversión… algo. Pero no. Nada. Solo esa cara seria, tensa, como si cada palabra le doliera. Como si cada segundo fuera una tortura.

Y de cerca… se veía cansado.

No de ese cansancio normal de una boda, no. Era algo más profundo. Tenía ojeras marcadas, la mandíbula apretada y los ojos hundidos, como si no hubiera dormido nada.

Y ahora lleva horas emborrachándose lo más lejos posible de mí.

Lo veo, de vez en cuando, entre la gente. Siempre con un vaso nuevo en la mano. Siempre con alguien hablándole, pero su mente claramente en otro lugar. Como si se estuviera anestesiando en cámara lenta. Como si necesitara olvidar lo que acabamos de hacer.

Me pregunto si se arrepiente.

Yo no sé cómo se supone que empieza un matrimonio, pero me da la sensación de que esto no es un buen augurio.

—¿Por qué estás jugando con la copa como si fuera un spinner de estrés? —pregunta Nemesia, acercándose a mí con un vestido verde esmeralda.

—Porque lo es —murmuro, sin dejar de girar el borde del cristal entre mis dedos. El champán ya está tibio, y yo no he tomado ni la mitad.

—¿Sabes que pareces una de esas esposas ricas deprimidas de las telenovelas, verdad? Solo te falta mirar al horizonte y decir “yo no pedí esta vida” —añade, mientras se sienta a mi lado sin permiso.

—No lo digas muy alto, me das ideas.

Nemesia se ríe y Matías aparece a mi lado con una copa en la mano.

—Damas —dice con una reverencia dramática—. Vine a ver si mi nueva cuñada estaba disfrutando de su fiesta. Aunque por la cara parece que no.

—No digas eso, se gastaron millones en esto — No quiero parecer malagradecida. No cuando hay gente que viajó desde otro continente. No cuando hay un ejército de camareros sirviendo langosta y un cuarteto de cuerdas tocando Taylor Swift en versión barroca.

—Sí, sí, la boda fue preciosa —dice Nemesia, cruzando las piernas—. Pero no te lo voy a negar, Ana… Massimo tiene cara de que preferiría estar en un funeral. ¿Dijiste algo muy escandaloso en los votos?

—No. Ni siquiera me miró cuando los dije —admito, con un encogimiento de hombros—. Me lo imaginaba… no sé, con una sonrisa, una broma, algo. Pero parecía cansado. Lleva horas en la barra, lejos de mí.

Nemesia frunce los labios, pero no dice nada. Matías suelta un suspiro.

—Es su forma de lidiar con las emociones. No es contigo, te lo juro. Massimo tiene demonios que ni yo entiendo y lo conozco desde que usaba brackets.

—Igual… me siento como si hubiera hecho algo mal —admito, mirando la copa otra vez.

—No hiciste nada malo —dice Nemesia de inmediato—. Y si lo hiciste, al menos lo hiciste viéndote como una diosa. Así que ya tienes la mitad ganada.

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora