Capitulo 38

5.4K 334 61
                                        

Massimo:

El polvo blanco entra por mi nariz, quemando el camino hasta mi cerebro. Es rápido. Eficiente.

Pero no es suficiente.

Mis ojos recorren el desastre de mi apartamento. Mujeres semidesnudas caminando de un lado a otro, bebiendo, riendo, bailando. Hombres hundidos en el placer de todo lo que el dinero puede comprar.

Yo sigo en el sofá.

Una rubia se acerca, deslizándose sobre mis piernas, sus dedos fríos recorriendo mi mandíbula.

—Mi señor—ronronea contra mi cuello—, ¿no va a divertirte?

Cierro los ojos por un segundo. El efecto de la droga es inmediato, pero hay algo dentro de mí que sigue despierto. Algo que no debería estarlo.

La aparto con una mano y ella se ríe antes de irse con otro.

Respiro hondo.

Mi cabeza late al ritmo de la música. Mis ojos siguen la línea de luces neón en las paredes. Todo se siente distante. Como si estuviera flotando en una realidad que no es mía.

Pero hay algo mal.

No sé qué es.

Pero lo siento en el pecho.

Frunzo el ceño.

Es raro que Anastasia no me haya llamado otra vez.

Agarro mi vaso de whisky y lo hago girar entre mis dedos. El líquido ámbar se mueve lento, como mis pensamientos, como si algo dentro de mí intentara procesar una información que no tengo.

Uno de mis hombres la estuvo siguiendo, me mandó un mensaje hace un par de horas. “Todo bien. Entró a su casa.”

Eso debería tranquilizarme.

Pero no lo hace.

Bebo un sorbo y dejo el vaso sobre la mesa de vidrio. Un hombre a mi derecha inhala una línea de coca desde el torso desnudo de una mujer y ella se ríe como si todo en el mundo estuviera bien.

Pero no lo está.

Hay algo en mi pecho que no se siente bien.

Mierda.

Saco mi teléfono y reviso la pantalla. Ni un mensaje. Nada.

El aire en la habitación me pesa de repente. Demasiado ruido. Demasiada gente. Todo me irrita.

Me paso una mano por la cara.

Me río por lo bajo y me paso la lengua por los dientes.

Extraño las putas galletas de Anastasia.

Es ridículo.

Cierro los ojos un segundo y puedo verlas en mi mente, perfectamente doradas, con chispas de chocolate y ese olor que impregnaba todo su apartamento. Siempre hacía demasiadas, como si esperara alimentar a un ejército, y siempre terminaba llevándome una bolsa con varias.

Me burlo de mí mismo y me llevo el cigarro a los labios.

De todas las cosas que podría extrañar, mi cerebro decidió enfocarse en unas jodidas galletas.

Pero no son las galletas, ¿verdad?

Es ella.

Es su risa burlona cuando me dice que no puedo comerme la masa cruda. Es la forma en que me mira cuando cree que no la veo. Es la manera en que se inclina sobre la mesa con el cabello recogido en una coleta floja y me pregunta si quiero leche como si fuera un maldito niño.

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora