Anastasia:
Son las cinco de la tarde y ya quiero morirme.
Estoy en la sala, con Peluche en brazos, sintiendo que mi dignidad se escurre más rápido que este vestido de látex que cada cinco segundos se me sube hasta casi la cadera. No sé quién inventó esto, pero seguro odiaba a las mujeres.
—No me mires así —le digo al conejo —. Es por una buena causa.
Me acomodo en el enorme sofá blanco, cruzo las piernas y vuelvo a bajarme el vestido, otra vez. Respiro hondo. A las ocho tengo que salir con Massimo para su dichosa cosa importante, porque aparentemente solo pudo cancelar la salida de ayer y hoy no hay excusas.
Así que tengo tres horas, máximo, para hacer el trabajo con Emily, Alexa y Valentina, si es que no se les ocurre llegar tarde como siempre.
Peluche bosteza. Me siento juzgada.
—No pongas esa cara. Me peiné, me maquillé, me depilé, me puse este vestido que no me deja ni respirar, ¿y todo para qué? Para trabajar en un proyecto con tres lunáticas y después ir de la mano de tu padre como si todo estuviera bajo control. Estoy estresada, ¿okey?
El conejo me lame la mano. Asiento, agradecida por su solidaridad. En eso, escucho un par de voces al fondo, y la puerta se abre.
Miro hacia la entrada, esperando ver a Alexa, Emily o incluso Valentina con su escándalo habitual, pero en cuanto reconozco a las dos figuras que aparecen por la puerta, siento cómo mi alma se va directo al inframundo.
Ann y Camille.
Automáticamente, alzo la vista hacia el techo, fingiendo estar profundamente interesada en... no sé, en la pintura, las lámparas, cualquier cosa que me ayude a parecer ocupada. Quizá, si ignoro lo suficiente, hagan lo que siempre han hecho: seguir de largo como si yo fuera parte del mobiliario.
Pero no.
Hoy el universo decide castigarme por mis pecados pasados.
Porque en lugar de pasar de largo, Ann se sienta justo a mi lado con una sonrisa, y Camille no tarda en imitarla, acomodándose al otro lado.
—Hola, Ana —dice Ann, con una sonrisa.
—Qué lindo conejo —agrega Camille, inclinándose hacia Peluche como si fuera fan de los animales y no una psicópata que una vez dijo que prefería los bolsos de piel.
Fuerzo una sonrisa.
—Hola... —respondo, abrazando más fuerte a Peluche.
Me sonríen.
—Nosotras... —Murmura Ann—. Queríamos pedirte disculpas por cómo te hemos tratado.
—Sí —añade Camille, asintiendo rápido—. Hemos estado pensando mucho y... bueno, somos familia ahora, ¿no? Cuñadas. Y tú no te mereces que te tratemos mal solo porque las cosas no empezaron bien.
¿Perdón? ¿Perdón?
Una parte de mí grita que esto es trampa, que algo están tramando, que seguro me pusieron una cámara oculta y quieren hacerme quedar como una tonta. Pero otra parte —una parte mucho más blanda, mucho más educada por abuelas católicas— me da un coscorrón mental.
Respiro hondo. Me obligo a relajar los hombros. Sonrío un poco más genuinamente, aunque la sospecha me sigue picando en la nuca.
—Gracias... de verdad. —respondo, abrazando más fuerte a Peluche —. Yo también quiero que todo esté bien entre nosotras. No tiene sentido pelear, y...asi
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomanceDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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