Capitulo 75

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Anastasia:

Ya ha pasado un rato desde que se fue. La habitación está en silencio, solo se escucha el suave zumbido del aire acondicionado y el leve crujido del colchón cada vez que me acomodo. Me arropo hasta el cuello, pero el frío no es lo que me hace temblar.

Llevo la mano a la boca y empiezo a morderme las uñas, una manía que me prometí dejar cuando era niña… pero hoy no tengo fuerza para mantener promesas, ni siquiera las mías.

Me quedo mirando el techo.

¿Debería decirle lo que siento por él?

Eso es lo que se hace, ¿no? Cuando uno esta enamorada. Se lanza al vacío.

«No cuando escuchaste que esa persona no te quiere»

Muerdo más mi uña

Paso la lengua por mis labios resecos y respiro hondo, clavando la mirada en la sombra que proyecta la lámpara en el techo. Me retuerzo un poco bajo las cobijas, no solo por el maldito cólico, sino porque me estoy volviendo loca.

Es que… sí. Me gusta. Me gusta tanto que a veces me da miedo. Y eso no me pasaba con nadie.

Quiero decírselo. En serio quiero. Decirle que me hace sentir segura cuando está cerca, aunque a veces sea un ogro. Que cuando me habla, aunque sea con ese tono seco suyo, me llena algo en el pecho que ni entiendo. Que me importa. Mucho. Más de lo que debería.

¿Pero y si lo arruino?

¿Qué pesa más, el miedo o lo que siento por él?

Aprieto los ojos con fuerza, como si la respuesta se fuera a escribir en el interior de mis párpados.

No quiero seguir callándomelo… Pero tampoco quiero que esto que tenemos, que a veces parece tan frágil, se rompa por decir algo que no debo.

Siento ese ardor familiar detrás de los ojos y en cuestión de segundos se me nublan con lágrimas.

—¿Por qué me tenía que pasar esto justo contigo? —Me abrazo las piernas, hundiendo el rostro entre las rodillas. —No entiendo por qué me gustas tanto, Massimo… si eres un dolor de cabeza. Si siempre estás gruñón, si nunca hablas mucho y si todo contigo es tan complicado.

Levanto la vista al techo, pero solo me dan más ganas de llorar.

—No quiero ser la única jodida enamorada en esta historia. Otra vez.

Mi voz se quiebra y dejo que las lágrimas salgan esta vez.

La puerta se abre despacio, y apenas escucho el leve crujido de las bisagras me giro instintivamente hacia la ventana, limpiándome la cara con la manga.

Pero no sirve. Se que es Massimo que camina en silencio hasta la cama y siento cómo el colchón se hunde con su peso.

Trae una bandeja con comida. Apenas la veo por el rabillo del ojo, pero el simple gesto me arruga el pecho.

Me tiembla la barbilla. Un puchero se me escapa sin que pueda controlarlo. Me muerdo el labio con fuerza, tratando de mantenerme entera, pero la lágrima se me escapa igual.

Massimo suspira. No dice nada al principio. Solo deja la bandeja en la cama con cuidado, y luego se sienta a mi lado.

Siento su mano, cálida y firme, limpiándome una lágrima de la mejilla con el pulgar.

—Ya no llores más, cielo —dice en voz baja, casi como si le doliera verme así.

Trago saliva con fuerza y niego, intentando sonreír, pero solo consigo que se me escape otra lágrima.

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora