Capitulo final

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Salto en el tiempo

Anastasia:

Para algunas personas, el amor es esperanza. Es un refugio, un lugar donde sentirse a salvo.
Pero para mí... es simplemente... ¿ideales? ¿Una excusa? ¿Algo fugaz?

No lo sé. Solo sé que desde niña he pensado que el amor era lo más grande que alguien podía sentir. Que era eterno. Que era hogar.

Pero no lo es.

Es una mentira. Todas las personas mienten. Todas manchan lo que tocan. Lo destruyen. Y luego esperan que las piezas se vuelvan a armar solas.

La primera semana que estuve en este hueco fue una pesadilla. No dormía. No comía. Alucinaba con Emily. Me mantenían sedada día y noche. Sentía que me estaba muriendo de tristeza, de dolor, de rabia. Pero lamentablemente, la vida no es tan poética.

No termina solo porque tú sientas que el mundo se te viene encima.

No se acaba porque te traicionan.

Tampoco porque te tiren como basura.

Ni porque te rompan.

Ni porque abusen de ti.

Ni siquiera porque tu padre sea una mierda que jamás te quiso de verdad.

La segunda semana fingí. Aprendí a mostrar lo que ellos querían ver. Aquí te evalúan por lo que aparentas: si lloras, estás mal y te llenan de psicólogas; si ríes, estás "mejorando".

Ridículo. Así que sonreí. Dije que estaba bien. Que me sentía fuerte. Porque nadie puede estar mal toda una vida... ¿no?

Eso me repetí durante la tercera semana. Una y otra vez. Y lo creí tanto que eventualmente empecé a estar "bien".

Pasaron semanas. Y más semanas. Y más semanas. Ya no sé cuándo voy a salir. Tampoco me importa mucho. Cada día le ruego a Dios que nunca me dejen ir. Que me dejen aquí, en este rincón del mundo donde al menos nadie me puede lastimar más.

Así como Massimo tuvo los huevos de dejarme tirada en este lugar, ojalá también los tenga para hacerse a la idea de que lo nuestro ya no va más. Porque aunque lo quiera, no lo necesito.
Aunque lo anhele, es algo mental. Una adicción. Un veneno. Y así como él se metió en mi cabeza, así como se enredó en mi corazón como una enfermedad. Lo voy a arrancar del lugar en dónde nunca ha merecido estar.

Algún día, la vida tendrá que girar a mi favor.

Tiene que hacerlo.

Porque no es justo que siempre pierda. Que siempre me lastimen. Que siempre me dejen. No sé cuándo será. Tal vez en meses. Tal vez en años. Pero cuando ese día llegue, cuando por fin pueda respirar sin sentir este peso en el pecho... Voy a ser otra.

No esta versión muerta que camina como sombra, no esta que se despierta sobresaltada en las noches con los gritos de Emily atorados en la garganta, no esta que recuerda el olor de la sangre como si fuera perfume.

Voy a ser la mujer que debí haber sido antes de que el mundo me pisara. Una que no necesita salvadores, ni promesas falsas, ni amantes que juran amor eterno y al primer golpe de realidad te sueltan la mano.

En este lugar, lo único que he aprendido es a odiar.

A odiarlo a él.

A odiarme a mí por haberlo amado.

A odiar la idea del amor.

Odio las cartas que no he abierto.

Las visitas que he rechazado.

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora