Capitulo 76

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«Un mes despues»

Anastasia:

—¿Y entonces qué pasó con el del laboratorio? —pregunta Alexa, riéndose mientras revuelve su jugo con una pajita como si estuviera mezclando un trago en una fiesta.

—Nada, obvio —responde Emily con un bufido—. El tipo no sabía ni prender el mechero. Casi quema la mesa. Y además se llamaba Rolando. ¿Quién se llama así en estás epocas?

Suelto un resoplido, sin poder evitarlo.

—¿Qué? —me miran al mismo tiempo.

Remuevo el café con lentitud, viendo cómo la leche forma espirales que se van disolviendo.

—Nada… solo que me da risa cómo ustedes todavía salen con gente.

—Ay no —dice Emily —. ¿Otra vez estás así? ¿Modo “odio a todos los hombres”? Porque si es por Massimo…

—No es por Massimo. Bueno sí, pero no solo por él —contesto con desgano.

Alexa me lanza una mirada significativa y se cruza de brazos.

—Ya pasó un mes, y no nos has dicho nada más que “todo mal”.

—Porque no hay más nada —me encojo de hombros—. Después de esa pelea… no hablamos más que lo justo. Monosílabos. Literal. Sí. No. Ok. Cada uno por su lado. Él con su mundo de piedra y yo sobreviviendo en el mío.

Emily frunce el ceño y se apoya en la mesa.

—¿Y sigue en la mansión?

—Sí. Claro. Él vive ahí. Yo también.  —Respondo con ironía  —Pero parece que nos cruzamos como fantasmas. Él pasa de largo, yo también. Lo único que compartimos ahora son pasillos fríos y miradas que no se sostienen más de dos segundos.

Acaricio el borde de la taza con el dedo, con la mirada clavada en el café ya frío.

—Últimamente ando más amargada que nunca. Juro que si me muerdo, me enveneno.

Drama queen —murmura Alexa.

—No, en serio —suelto una risita sin humor—. Los único que no me amargan de los Lombardi son… el abuelo Lorenzo, los niños Aitana y Gael que no tienen la culpa de nacer en esa familia, Francis y Matías que son los únicos cuerdos. De resto… nadie se salva.

—Bueno, ¿y Salvador? —pregunta Emily, arqueando una ceja—. Nos dijiste que ha estado yendo más.

Asiento, un poco más relajada.

—Sí, porque está trabajando con Massimo. Empezaron hace un par de semanas. Van y vienen. Y bueno, creo que… somos amigos. ¿Amigos? —repito, con voz baja—. No sé. Pero hablamos. Me escucha.

—Pero bueno —dice Emily, buscando animar el ambiente—, al menos eres la número uno de la clase. Y no por poco. Arrasas, Anastasia. Si sigues así, vas a tener ofertas de trabajo hasta de la NASA. Te van a rogar.

—Literal —asiente Alexa—. Te van a llover entrevistas, becas, propuestas de investigación… todo. Vas a poder elegir lo que quieras.

Ruedo los ojos y remuevo mi café sin ganas.

—Son solo notas  —murmuro—. Ni que fuera tanto.

—¡¿Ni que fuera tanto?! ¡Puedes engrandecer tus dos apellidos! —interrumpe —. ¿Sabes cuántos ceros hay en la cuenta de los Lombardi? ¿O cuántos puedes sumar? Ser tú es como ser parte de la corona italiana no oficial. Si fueras una monarca, ya tendrías tu serie en Netflix.

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora