Capitulo 39

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Anastasia:

El tiempo se siente borroso. No sé si han pasado horas o un día entero, pero mi cuerpo lo siente. Cada músculo entumecido, cada latido pesado en mi pecho, cada punzada de hambre que me retuerce el estómago.

No puedo más.

Mi garganta está seca de tanto pedir que me saquen, de tanto suplicar aunque sé que es inútil.

Papá no va a abrir esta puerta.

Me encojo en la esquina, abrazando mis rodillas. No quiero dormir. Si cierro los ojos, las sombras vuelven, las voces susurran, las manos me tocan aunque no haya nadie aquí.

No quiero recordar.

Pero mi cuerpo empieza a ceder. Mis párpados pesan, mi mente divaga entre la vigilia y el sueño.

Y entonces, escucho.

Pasos.

Mi corazón se acelera. Alguien está ahí afuera.

Contengo la respiración, esperando, rogando.

Por favor.

La puerta se abre con un chirrido.

La luz del pasillo inunda la oscuridad y, por un segundo, tengo que parpadear varias veces para acostumbrarme.

Nemesia.

Está ahí, con su rostro tenso y los ojos rojos, sosteniendo una bandeja con comida. Comida.

No sé si es la desesperación o el hambre, pero cuando ella se acerca, mi cuerpo simplemente se derrumba contra el suyo.

—Lo siento, lo siento tanto —susurra, envolviéndome en sus brazos. Me aferro a ella como si fuera lo único real en este maldito lugar.

Cierro los ojos con fuerza, sintiendo su calidez, su olor familiar.

—Papá no sabe que estoy aquí —dice, apartándose lo suficiente para verme a la cara—. Tienes que comer rápido antes de que alguien venga.

No necesito que lo repita. Me lanzo sobre la bandeja, con las manos temblorosas, comiendo como si no hubiera probado bocado en semanas. Nemesia me mira con dolor en los ojos, como si quisiera llorar, pero no puede permitírselo.

—Voy a sacarte de aquí —me promete en voz baja, acariciando mi cabello.

Yo quiero creerle. Dios, quiero creerle.

Mastico rápido, apenas respirando entre bocados. Mi estómago es un pozo vacío y cada bocado me sabe a desesperación.

Nemesia se queda en silencio, viéndome comer, hasta que levanto la mirada y le susurro:

—¿Mi celular?

Nemesia duda. Sabe lo que significa esto. Pero aún así, mete la mano en el bolsillo de su suéter y saca mi celular.

—Toma.

Lo agarro de inmediato, sintiendo el peso frío en mis manos temblorosas. Lo aprieto como si fuera mi única salida.

—Gracias —susurro, con la voz áspera por la sed y el llanto.

Nemesia me mira con preocupación

—Apágale el sonido. Y el brillo. No quiero que se den cuenta.

Asiento rápidamente, desbloqueándolo y silenciándolo. Mis dedos apenas reaccionan, torpes, desesperados.

—Voy a intentar sacarte de aquí, ¿sí? —susurra ella antes de abrazarme con fuerza.

Cierro los ojos y respiro su aroma familiar. Quisiera creerle. Quisiera pensar que, esta vez, podremos hacer algo contra él.

Pero no digo nada. Solo aprieto más el celular en mi mano y asiento.

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora