Anastasia:
—Yo lo que no entiendo —dice Emily, con una uña larguísima y perfectamente esmaltada sosteniendo su vaso de frappé— es por qué no te lo has comido todavía. O sea, estás casada, Ana. Casada. Con ese hombre. No con un señor de cuarenta con panza y entradas.
—Porque no soy una desesperada —murmuro, sintiéndome cada vez más invisible en mi propia conversación. Alexa me lanza una mirada como si acabara de decir la blasfemia del año.
—No es ser desesperada, es ser estratégica. Imagínate lo que puedes conseguir con una buena noche —agrega, moviendo las cejas como si fueran una montaña rusa.
—Yo solo quiero sobrevivir sin que me rompa un hueso en los entrenamientos —respondo, bajando la voz mientras miro de reojo a uno de los guardaespaldas que está parado cerca. Ni pestañea. Parece que lo imprimieron.
—Pero… ¿ya viste esos brazos? —dice Alexa, abriendo su cámara frontal para fingir que se está tomando una selfie, pero en realidad está grabando al guapo que está atrás—. Si me pone una mano encima, juro que me hago la desmayada.
Emily asiente, completamente seria.
—Mira, si tú no quieres, yo me sacrifico. En nombre de la amistad, obvio.
—¡No quieren ver que esté feliz! —me quejo, cruzándome de brazos. Estoy sudada, despeinada, y me siento como si me hubiera caído por una montaña.
—¿Y si solo le haces un striptease? —pregunta Alexa.
—¡Alexa! —me quejo. Emily levanta una ceja, divertida.
—No es mala idea. Estás legalmente casada. Estás protegida por la ley. Usa tus derechos, bebé.
—No quiero usar mis derechos, quiero paz mental y cero erecciones inesperadas en medio del dojo —respondo.
—¿Y tú viste el bulto? —agrega Emily con toda la maldad del mundo.
—No vi nada —miento descaradamente.
—Ana… —dice Alexa, con tono de madre decepcionada—. Te subiste encima. De piernas abiertas. Mientras se ponía duro. No vengas con que “no vi nada”.
Suspiro. Qué vida la mía.
—¿Y qué vas a hacer ahora, señora Lombardi? —pregunta Emily, remarcando el apellido como si fuera un título nobiliario.
—Voy a fingir que estoy en un coma inducido y que todo esto es un mal sueño —respondo, dándome un sorbo largo al café frío.
Las dos se ríen otra vez.
—Pero hablando en serio… —dice Emily de repente, bajando la voz y dejando el vaso sobre la mesa con un “clac” suave. Me hace fruncir el ceño.
—¿Qué? —pregunto, mirándola raro. Ella no suele ponerse seria.
—No te enamores de él —suelta Alexa, directa como siempre. Ni lo duda.
—¿Qué? —repito, más confundida ahora. Me río un poco, pero se me seca la garganta.
—Solo un polvo rápido y ya —dice Emily, cruzando los brazos —. Porque por lo que nos contaste de el, tiene serios problemas. Tipo: mira eso con un terapeuta y luego hablamos de sentimientos.
—Sí, cero vibes de estabilidad emocional. Más bien de que si te enamoras vas a terminar llorando escuchando Taylor Swift a las tres de la mañana con ojeras de panda —agrega Alexa, como si hablara por experiencia.
—¿Enamorarme? ¿Yo? —me burlo, sacudiendo la cabeza y tomando otro sorbo de café—. Están locas. No hay manera. Cero. Él es… él es...
Y ahí está. Ese maldito retorcijón en el pecho.
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomansaDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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