Capitulo 63

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Anastasia:

El profesor está al frente, súper metido explicando un tema de esos que normalmente me engancharía... pero hoy no. Hoy apenas y escucho su voz de fondo, como si hablara en otro idioma. Tengo el cuaderno abierto, el bolígrafo en mano, y en lugar de tomar apuntes, estoy dibujando tonterías en una esquina.

Mientras muevo el bolígrafo sin pensar, en mi cabeza no paro de repetir la pelea de esta mañana.

"Te sientas en la jodida mesa y dejas de hacer un drama por una estupidez"

Aprieto más el bolígrafo.

—Wistanley —escucho de pronto, y pego un pequeño brinco en mi silla.

Levanto la cabeza y todos me están mirando. El profesor me señala con el bolígrafo, medio sonriendo.

—¿Puedes explicarnos cuál es el costo de oportunidad en la toma de decisiones empresariales?

Trago saliva.

El "costo de oportunidad"… debería saberlo. Claro que debería saberlo. Es fácil. Es básico.
Pero mi cabeza sigue atascada en Massimo, en su estúpido cigarrillo, en su jodida mirada fría desde el balcón.

No sé qué decir. No tengo idea de qué me preguntaron.

El salón se queda en un silencio raro. El profesor frunce el ceño, como sorprendido.
Solo miro el pizarrón, la carpeta, mis dibujos… cualquier cosa menos los ojos de todos encima mío.

Me quiero ir. Ya.

Cuando siento que el silencio ya se está poniendo demasiado pesado, escucho a Alexa:

—El costo de oportunidad es el valor de la mejor alternativa no elegida al tomar una decisión —dice con total confianza, sonriendo.

El profesor la mira, suspira, pero asiente y sigue con su explicación. Me hundo más en mi silla, bajando la mirada.
Siento los ojos arderme. Maldita sea.

Parpadeo rápido, obligándome a no llorar.

Pero no es por la pregunta, ni por el silencio incómodo.

Es porque me siento una basura.

Porque no soy así.

Porque todavía tengo en la mente la sensación de la mejilla de Massimo contra mi mano cuando lo golpeé.

Yo no soy así. Yo no golpeo a la gente.
Y me odio por haberlo hecho.

«No quiero ser como mi padre»

Me obligo a mirar el cuaderno, pero ya ni sé qué escribo.

¿Qué esperaba?

¿Que Massimo se parara en medio del desayuno familiar y le dijera a su hermana que no hablara así?

¿Que me defendiera como si yo fuera una princesa de cuento y no una adulta que puede defenderse sola?

Es estúpido.

Aprieto el lápiz entre mis dedos, tan fuerte que siento que se me va a partir.

¿Desde cuándo me afecta tanto esto?

No sé si me dolió más la indiferencia o la maldita sensación de quedarme sola en esa mesa mientras todos miraban a otro lado.

Una parte de mí me grita que soy una idiota, que nada de eso importa realmente.

Pero otra, la que ahora me llena los ojos de lágrimas otra vez, sabe que no es solo por eso.
Es porque, por un momento, sentí que no estaba de su lado.

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora