Anastasia:
—Vale, primera regla —dice Matías mientras me hace girar hacia él con un movimiento suave de las manos—. Siempre mantén los puños arriba, como si estuvieras lista para protegerte. Y los pies separados, uno un poco más adelante que el otro. No estás en una pasarela, Anastasia.
—Me ofende que pienses que caminar en tacones no cuenta como entrenamiento físico —respondo mientras intento imitar su posición.
Spoiler: me sale horrible.
Estamos en una zona de entrenamiento que parece sacada de una película de Rocky. Hay pesas, sacos de boxeo, colchonetas y hasta una cuerda que cuelga del techo como si esperaran que alguien hiciera piruetas ahí.
Y, por supuesto, él está aquí. Massimo. Sentado junto al saco de boxeo con los brazos cruzados y una botella de agua medio vacía entre las piernas. Llevaba una camiseta negra hasta hace cinco minutos, pero ya se la quitó, y ahora está ahí, sudado y brillando como si no supiera que distrae más que ayuda.
Ni siquiera debería estar en la mansión, pero al parecer tuvo “el impulso” de quedarse. ¿Casualidad? Obvio no.
—Tus codos, más cerca del cuerpo. Si los dejas tan abiertos te rompen la cara en tres segundos —sigue Matías con paciencia, mientras me acomoda los brazos con cuidado.
Intento no mirar a Massimo, pero siento su mirada pegada a mi nuca.
—¿Y qué hago si me atacan? ¿Grito? —le digo a Matías.
—No, golpeas. Usa el puño, el codo, la rodilla, lo que sea. No se trata de pelear bonito, sino de ganar. Mira, prueba un golpe sencillo. Al saco.
Me acerco al saco, lo miro como si fuera un alienígena y lanzo un golpe flojísimo que apenas lo mueve.
Desde la esquina, escucho una risa baja.
—¿Eso era un golpe o estabas acariciando al saco? —Pregunta.
—¿No tienes algo mejor que hacer? —Gruññ sin girarme.
—Estoy exactamente donde debería estar —responde, tan tranquilo, mientras se seca el cuello con la toalla —¿Estás entrenándola o estás jugando a las muñecas, Matías?
Matías se gira, confundido. Yo también, pero más que confundida, estoy molesta. Y un poco nerviosa. Bueno… mucho nerviosa.
—Le estoy explicando lo básico, tiene que...
—No seas suave. Si no la haces sudar, la entreno yo. —Se incorpora, deja la toalla en una banca y se cruza de brazos.
Matías suspira, gira hacia mí y se le borra la sonrisa.
—¿Está hablando en serio? —pregunto, entre ofendida y asustada.
—Siempre habla en serio cuando amenaza. —Me mira, ahora serio—. Vamos a practicar contigo como objetivo. Sin saco.
—¿Conmigo como qué?
—Vas a aprender con tu cuerpo, Anastasia —responde Massimo, sin moverse del lugar —. Así aprendimos todos. Si no ganabas, morías. O terminabas con una pierna rota. Yo terminé con las dos, por si te da curiosidad.
Perfecto. Trauma compartido como motivación. Qué bonito.
—Tranquila —dice Matías, más suave, pero ya en posición—. No te voy a romper nada.
Me acomodo en el centro del tapiz, me obligo a alzar los puños otra vez, y Matías lanza el primer ataque: un golpe lento que voy a bloquear. Resultado: no bloqueo una mierda.
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomantikDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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