Massimo:
Odio esto.
Odio estar aquí, odio tener que jugar con las reglas de un hombre que no merece ni respirar el mismo aire que yo. Pero si quiero a Anastasia fuera de esa casa, tengo que hacerlo a su manera.
Y no, no es porque la ame. No soy tan patético. Esto es simple: ella es mía. Y nadie me quita lo que es mío.
Además, si Katherine cree que puede estar con Nikolai como si nada, entonces yo también puedo joderle la vida. ¿No es así como funciona esto?
Respiro hondo, ajustándome la chaqueta mientras observo mi reflejo en el espejo. Me veo impecable, como siempre, pero hay algo en mis ojos que no encaja.
Cierro las manos en puños.
El padre de Anastasia es un maldito asco. Un hombre repugnante que se cree intocable solo porque tiene un poco de poder. Si no fuera porque necesito su aprobación para sacarla de ahí, ya le habría metido una bala entre ceja y ceja.
Pero paciencia.
Voy a hacer esto bien. Y cuando menos lo espere, Anastasia ya no será suya. Será mía. Solo mía.
Empiezo a hacer cálculos en mi cabeza.
Dinero. Siempre funciona.
Ese maldito loco ambicioso no va a dudar ni un segundo en vender a su hija si el precio es el adecuado. No me sorprendería que ya lo haya hecho antes, solo que con un comprador menos conveniente.
Si tengo que soltarle un fajo de billetes para que me entregue a Anastasia, lo haré. No porque me importe ella, sino porque no voy a dejar que un viejo decrépito me quite lo que es mío.
Joder, solo de pensarlo me dan ganas de romperle la cara a alguien.
Salgo del hotel y subo a mi auto, encendiendo el motor con un suspiro pesado. Alemania nunca me ha gustado. Tiene un aire demasiado rígido, demasiado ordenado. No es mi estilo. Me siento como un puto extranjero
Pero esto es temporal.
Hago rugir el motor y me pongo en marcha. Si todo sale bien, Anastasia estará fuera de esa casa en menos de veinticuatro horas.
El restaurante es elegante, discreto. Un lugar perfecto para tratos sucios entre hombres que usan trajes caros para esconder su podredumbre.
Camino directo a la mesa donde ese cabrón me espera con una copa de vino en la mano.
—Vamos al grano —digo, sentándome sin siquiera mirarlo a la cara—. Quiero a Anastasia. Dime cuánto.
—Qué directo. —responde, tomando otro sorbo de su vino—. Pero no estoy interesado en vender a mi hija.
Aprieto la mandíbula.
—No me hagas perder el tiempo. Sé lo que quieres y puedo dártelo. Dime el número.
—No quiero dinero —dice, inclinándose ligeramente hacia adelante—. Quiero un yerno.
Lo miro en silencio, tratando de procesar la estupidez que acaba de salir de su boca.
—¿Qué?
—Si quieres a mi hija, Massimo, cásate con ella.
Mi cerebro hace corto circuito.
Casarme.
Casarme.
¿En qué puto momento entró eso en la ecuación?
Aprieto los dientes y suelto aire por la nariz.
—No me hagas perder el tiempo con estupideces —gruño, sacando un bolígrafo y una libreta de mi chaqueta. Escribo un número y deslizo el papel por la mesa—. Aquí tienes. Tómalo y dame a Anastasia.
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomantikDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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