Anastasia:
Me acomodo en la silla por tercera. Respiro hondo, jugando con el borde de la servilleta mientras miro a todos sentados alrededor de la mesa. Hay murmullos, alguna risa contenida, el abuelo Lorenzo le habla a Gael y Aitana, Camille está demasiado concentrada en su copa y Ann no me ha mirado ni una sola vez.
Me inclino un poco hacia Matías, que está al lado mío.
—¿Siempre se sienten así los cumpleaños? —pregunto en voz baja, sin mirarlo directamente.
—¿Así cómo? —responde sin girarse, pero sé que me está prestando atención.
—Aburridos.
Suelta una pequeña risa por la nariz.
—Así son todas las cenas Lombardi, Anastasia.
Me río con lo que dice, pero la verdad es que no me tranquiliza en lo más mínimo. Desvío la mirada hacia la puerta con disimulo. Massimo no ha vuelto desde que se fue a hablar con Carmelo y ya casi son las doce.
Me aclaro la garganta, esperando que nadie me preste mucha atención.
—Con permiso —murmuro, empujando ligeramente la silla hacia atrás mientras me levanto. Nadie parece notar mucho mi salida.
Camino directo a la cocina. El pasillo está silencioso, y eso me ayuda a calmar un poco el corazón. Cuando entro, el aroma dulce me golpea de inmediato, y sonrío sola. Camino hacia la encimera donde dejé el pastel más temprano, cubierto con una campana de vidrio. La destapo con cuidado.
Redondo, perfecto, decorado con crema suave, unos arándanos frescos en la parte de arriba y unas pequeñas hojitas verdes como toque final. Me acerco más. Me quedó precioso.
Casi me dan ganas de no cortarlo nunca.
Alzo el pastel con ambas manos, con el mayor cuidado del mundo. Es frágil y hermoso. Antes de salir, levanto la vista al reloj de la cocina. «11:58».
Perfecto.
Camino con paso firme por el pasillo en dirección a la oficina. El pastel pesa, pero no me importa.
Estoy a unos pasos de la puerta cuando un arándano decide rodar por el borde hasta caer al suelo con un pequeño “plop”.
—Mierda —susurro. Me agacho con mucho cuidado, dejando el pastel sobre una mesa lateral para levantar la fruta y echarla a la basura.
Pero justo cuando me enderezo, una voz me congela.
—Admite que te estás volviendo blando con ella —dice Carmelo.
Me quedo completamente quieta.
—No digas estupideces —responde Massimo, irritado. —La trato como una persona normal.
Contengo el aliento. Me acerco un poco más a la puerta entreabierta, sin hacer ruido.
—¿Estupideces? —se ríe Carmelo —. ¿A una “persona normal” le regalarías una reliquia de familia? ¿Un collar Lombardi? ¿Una manilla con GPS incluido? ¿Te pondrías de cursi a regalarle un conejo? ¿Un jodido auto?
Mi estómago se revuelve. ¿GPS? ¿Reliquia? ¿Qué...?
Apenas respiro.
—No puedes enamorarte de esa chica. —Vuelve a hablar.
Mi pecho se congela.
—¿Enamorarme? —la voz de Massimo se alza —. ¿De qué carajos estás hablando? Nadie se está enamorando de nadie. Estoy siendo un maldito ser humano funcional con una chica que me da buen sexo. ¿Eso es ilegal ahora?
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
RomanceDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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