Massimo:
—Se que no lo va a aceptar. —Me paso la mano por el rostro, agotado—. Pero hay que hacerlo. Es lo más lógico. Lo más… sensato.
—No va a querer. Si reaccionó tan mal cuando te vio entonces te odiara más cuando lo hagas.
—Por eso mismo. —Lo miro —. Está mal.
Marlon suspira hondo y se cruza de brazos.
—¿Cómo planeas internarla, ah? ¿Se lo vas a decir tú o quieres que lo haga yo?
—Voy a esperar que esté más estable. No quiero que piense que la estoy abandonando o encerrando. Quiero que entienda que es por su bien, aunque me odie más de lo que ya me odia.
—La odias, la quieres, la culpas, la buscas. No entiendo nada, Massimo. Estás caminando una cuerda floja.
—¿Crees que yo la odio? —levanto una ceja, molesto—. Yo daría mi vida por ella. Lo haría sin pensar. Pero no puedo tenerla en la mansión con ese nivel de trauma.
—Entonces estás decidido —dice él en voz baja.
Asiento.
—Sí. Necesita ayuda real. Un equipo, un lugar donde la cuiden sin que tenga que verme la cara. Sin que tenga que recordar todo lo que pasó. Y si eso implica que me odie por internarla, pues que lo haga.
—¿Cuánto tiempo? —pregunta con cautela.
—Unos meses. Los que sean necesarios.
—¿Y cuándo piensas decírle que no puede tener hijos? — Lo miro.
—No se lo voy a decir… todavía —murmuro, dejando escapar un suspiro largo mientras desvío la vista al suelo—. No ahora. No cuando apenas puede mirarme sin descomponerse.
—Massimo… —Su voz suena más suave.
—Ya lo sé, Marlon. No me mires así. No estoy negando que lo va a tener que saber —levanto la mirada, directo a la suya—. Solo digo que… no ahora. Está rota. Psicológicamente destruida. Si le suelto eso encima, la termino de hundir.
—Tienes miedo de que no pueda soportarlo —deduce.
—No es miedo. Es que lo sé. Y tampoco quiero que me asocie con esa verdad de mierda. —Me paso una mano por el cabello, frustrado—. Déjame cargar yo con eso un tiempo más, ¿Vale? Ella no puede con más peso ahora mismo.
Marlon baja la cabeza, suspirando.
—Está bien.
Me da dos palmadas en la espalda.
—Entonces anda por ella, yo me encargo de la camioneta. Voy a mandar a preparar todo en la mansión: medicamentos, cama médica, enfermera por si acaso... todo lo que necesite para recuperarse.
Giro sobre mis pasos y camino hacia el ascensor. Presiono el botón y me quedo ahí, con las manos metidas en los bolsillos, masticando pensamientos que no me dejan en paz.
Cuando el ascensor se abre, subo. Piso tras piso, todo me parece más lento de lo normal. O quizás es mi ansiedad, mis ganas de que esto termine de una maldita vez.
Llego al piso de Anastasia. Camino por el pasillo en silencio, evitando hacer ruido. Empujo la puerta de su habitación y entro.
Está dormida. Sus manos están quietas sobre la sábana blanca, los labios los tiene entreabiertos, sus mejillas están pálidas...
Me acerco despacio. No quiero despertarla.
Me siento en el borde de la cama y le agarro la mano con suavidad. La beso despacio, cerrando los ojos al hacerlo. Un suspiro se me escapa sin poder evitarlo.
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Bajo tu Dominio [LIBRO #1]
عاطفيّةDicen que el odio y el amor son lo mismo, y yo la odio tanto que necesito ser el aire que respira. Si ella es mi perdición, me aseguraré de que no le quede un gramo de voluntad propia, hasta que su única religión sea vivir y morir bajo mi dominio.
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