Frío

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- Mira qué bien nos quedó el muñequito de nieve 2626 - invitaba el neutrófilo menor a ver su logro hecho con la pequeña líder de las plaquetas: un muñequito de nieve.

- Lindo muy lindo - respondió 2626 luego le cubrió los oídos a la niña y se dirigió a su colega - Óyeme pendejo, estamos trabajando, hay células muriendo por hipotermia y tú haciendo muñecos de nieve -

- Células mueren todos los días, no hay heridas todo está normal y casual ... Oye, ¿Y si hacemos un muñeco~♪?- respondió en su defensa 4989.

- No -

- Anda vamos a jugar ~♪-

- Cómo jodes -

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En la base de los eritrocitos todo era un caos, los más afectados por el golpe de frío eran precisamente los glóbulos rojos.

El jefe de la tropa acababa de dar la orden de dar prioridad a los órganos vitales dejando de lado las extremidades inferiores y superiores. Al menos mientras se normaliza la temperatura corporal.

Una joven repartidora, una novata pelirroja con tendencia a perderse acababa de colgar el teléfono. Una célula de la mano derecha suplicando por una carga de oxígeno.

- Señor, hay un pedido urgente en la extremidad superior derecha...-

- Lo siento AE3803, eso no podrá ser. La prioridad son los órganos vitales y además sería suicida -

La pelirroja se sentía muy mal, la célula se oía desesperada. Debe ser horrible esperar por algo que no llegará, y como célula de tejido no podía abandonar su residencia aún que estuviera alejado de todo... Para su fortuna, AE3803 respondió su llamado y así le costase un castigo ella repartiría el oxígeno porque ese el su trabajo, sea como sea.
Valientemente la chica se escabulló por la multitud, tomó un carrito, dos cargas de oxígeno y dos canastos con nutrientes "mejor que sobre a que falte", se dijo a sí misma y emprendió rumbo a la mano derecha.

Al llegar al codo, el frío comenzaba a calarle la piel a pobre pelirroja. El camino se hacía más pesado y solitario.

- Vamos AE3803, tú puedes, tú puedes. Hay una vida que depende de tí -

Se daba ánimos a sí misma la chica llevando la carga valientemente aún que su menudo cuerpecito comenzaba a sentir los efectos del frío.
Había llegado a la muñeca, trataba de mantener la vista fija en el frente. No había nadie, el lugar estaba muy oscuro, mucho más frío, se podían ver a distancia montes púrpura señal de "sangre" congelada y eso le aterraba. Su mente le decía "vuelve a la base" pero su corazón le gritaba "¡Vamos AE! Ya llegaste muy lejos para rendirte ¡Una vida depende de tí!".

Miraba el mapa de vez en cuando, no era momento para perderse, está vez era de vida o muerte.

- Debo, debo, debo llegar al índice... Queda menos, queda menos... Santo cielo que frío hace, me duele respirar -

La vista comenzaba a nublarse, sus piernas temblaban, apenas si sentía sus manos, su rostro estaba tan frío que sentía que quemaba. Estaba tan concentrada en llegar a su destino que ni se detuvo a mirar el curioso muñeco de nieve que adornaba el camino.

- Aquí es... - tocó el timbre y una célula con lágrimas en los ojos se abalanzó a abrazar a la repartidora.

- ¡Nos haz salvado! - gritaba desde adentro otra célula.

- Sólo cumplo con mi deber - respondió humildemente la chica entregando la carga, agradeciendo al cielo la idea de traer más de lo pedido. Así las células podrían compartir y vivir un poco más.

Hataraku Saibou (Historias breves)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora