¿Qué siente un hombre que lo tiene todo y lo único que le falta es un imposible?
Franco jamás conoció el amor verdadero.
Evangelina lo conocía a la perfección.
Una propuesta laboral. Una confusión. Una buena amiga y un enamorado luchando por sacar a...
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Sentados en el pequeño sillón del balcón del departamento de Evangelina, Franco escuchó en silencio cómo fue el camino que desencadenó en la separación de la pareja, con la cabeza gacha, los brazos cruzados, y la mirada perdida en la avenida Paseo Colón.
—A pesar de todo, a mí nadie me saca de la cabeza que tiene otra —sentenció Evangelina al terminar el relato.
—No, ni ahí —afirmó Franco, con la mirada todavía perdida en la avenida—. Lo comió la envidia, el ego, y esas ganas absurdas de ser como su padre. O peor, porque ahora con esto que pasó, pienso que hasta quiere superar a su padre muerto.
Se hizo un silencio en donde Evangelina procesaba las palabras de Franco, y es que la sinceridad con la que las dijo no daba lugar a dudas. Franco continuó.
—¿Y qué pensás hacer ahora?
—Trabajar... —bufó.
Franco se cubrió la cara y comenzó a reírse.
—La concha de la lora —dijo, aún con la cara cubierta—. Basta, por favor.
—¿Basta de qué?
—De ser mi otra mitad, Evangelina —respondió descubriendo su rostro, y ante el silencio confuso de ella, continuó—. Cuando Pilar me dejó, Bruno propuso convertir la aplicación que desarrollé para los gastos del bebé en Chanchi, y me puse a trabajar en los cambios que me pidió. Hace poco, cuando supe que estabas casada, Bruno me preguntó qué iba a hacer, y mi respuesta fue trabajar en las terminales.
—No entiendo.
—Que las dos veces que me rompieron el corazón en toda mi vida, mi respuesta al dolor siempre fue trabajar. Exactamente lo mismo que pensás hacer.
—¡Y sí, Fran! Básicamente mi matrimonio se fue a la basura por aceptar este trabajo, lo que menos puedo hacer es desaprovecharlo, sino no habrá valido la pena. —Franco estaba por acotar algo, pero Evangelina lo detuvo con una mano en alto—. Y no, no te sientas culpable, al contrario. Debería agradecerte por abrirme los ojos, pero todavía no es el momento porque sigo en shock.
—No hay nada que agradecer, Evi. Y si realmente querés hacerlo, entonces estás en lo cierto. Trabajá, focalizate en otra cosa, olvidá todo lo que pasó. Cuesta, no te lo niego, pero lo vas a superar. En el camino vas a conocer a alguien que borre todos los recuerdos amargos, solo asegurate desde el minuto cero de que sea soltero, para que no te pase lo mismo que a mí.
Franco la observó de reojo con una media sonrisa, y comprobó que ella también estaba conteniendo una risita.
—Y lo peor es que nunca más voy a ser soltera, ahora soy separada, y pronto seré divorciada... Divorciada —recalcó con desdén—, ¿quién va a querer a una mujer que ya fracasó una vez? Porque nunca faltará el machista que piense «algo habrá hecho». Y yo no hice nada malo, mi pecado fue ser una esposa devota que un día quiso tener su propia carrera, porque descubrió que servía para algo más que despachar una comanda.