¿Qué siente un hombre que lo tiene todo y lo único que le falta es un imposible?
Franco jamás conoció el amor verdadero.
Evangelina lo conocía a la perfección.
Una propuesta laboral. Una confusión. Una buena amiga y un enamorado luchando por sacar a...
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La semana pasó volando para todos. Evangelina estaba mucho más tranquila luego de haberse descargado con Daniel sobre sus sentimientos, y éste trató de concentrar sus energías en su esposa para olvidar los nervios que sentía por su primera nominación como periodista. Su padre tenía varios Martín Fierro, tanto de cable como de aire, y él quería aunque sea uno para su repisa.
Por su parte, Franco estaba mucho más tranquilo, esa incertidumbre de cómo sería llegar al final de su proyecto y agradecerle a Evangelina su ayuda, cruzando los dedos para seguir viéndola, se había esfumado cuando ella le firmó el contrato. Pasó toda la semana pensando ideas para mantenerla activa y demostrarle que tenía mucho potencial en su equipo de desarrollo.
El único que no la estaba pasando bien era Bruno, porque día a día iba sintiendo cómo sus energías se apagaban, hasta que el viernes sus defensas dijeron basta, y lo dejaron tirado en la cama. El primer problema era que su fiebre iba en aumento, y al consultar al médico obtuvo setenta y dos horas de reposo.
El segundo problema era que no podía asistir a la entrega de los Martín Fierro de cable, como había prometido al ser el principal patrocinador de los premios.
Franco estaba tan en su mundo que jamás se había enterado de eso, y grande fue su sorpresa cuando Bruno, entre estridentes toses, le pidió por favor aquello que solían hacer de adolescentes.
—¡¿Qué?! ¡¿Estás loco?! ¡Se van a dar cuenta! Ya crecimos, tenemos personalidades distintas...
—Pero no tenés que hacer nada más que saludar y sentarte a comer. Te sacas el piercing de la ceja, te tiras el flequillo para atrás como yo... ¡Y listo!
—No, puber... No es tan sencillo —expresó agobiado, con la cara hundida en sus palmas—. Vos sos más carismático, más sociable, conocés a mucha gente ahí... La voy a cagar, y vas a perder publicidad porque no nos van a aceptar más como patrocinadores.
—Con el fangote de guita que invertí ahí, lo dudo. —Volvió a toser por el esfuerzo que hizo con la garganta —. Elegí uno de mis trajes y andá, además... Quien te dice y te enganchás alguna soltera para olvidarte de Evangelina.
—¡Es que ella va a estar ahí! —exclamó sacudiendo los brazos —. El marido es uno de los nominados, y no estoy en condiciones de verla con él.
Bruno abrió los ojos de la sorpresa.
—¿Y por qué va? Si se invita a los nominados y alguna que otra personalidad del medio, nadie va con las parejas, a menos que también sean famosos.
—No tengo ni puta idea, pero va a ir, me lo dijo. Incluso, ella no quería porque se siente incómoda. Ya viste cómo es de sencilla y de barrio... Te juro, no sé que hace con un tipo como Grimaldi.
—Me mata tu lógica. —Bruno levanto las cejas, irónico—. Según vos es una chica sencilla, de barrio, incompatible con el estilo de vida de un periodista deportivo de medio pelo, pero para el el dueño de la empresa que más factura en el país es perfecta.