Capitulo 7

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Anastasia:

Mierda.

Bloqueo el celular con más fuerza de la necesaria y lo dejo caer en mi regazo.

Mi corazón late rápido, no sé si por rabia o por otra cosa. No quiero darle la satisfacción de pensar que me afecta, pero lo hace.

Respiro hondo, intentando que el aire me calme, pero todo en mí está alerta. Sé que está cerca. Puedo sentirlo. Puedo sentir sus ojos sobre mí.

—¿Estás bien? —La voz de Emily me saca de mis pensamientos.

Asiento.

—Sí.

Me levanto.

El frío de la noche me envuelve cuando cruzo la puerta trasera de la casa, pero no es suficiente para calmar el ardor en mi piel. Me abrazo a mí misma, tratando de ordenar mis pensamientos, cuando el celular en mi mano vibra y suena al mismo tiempo.

La pantalla ilumina su nombre.

Papá.

El aire se estanca en mis pulmones. Mis manos, por instinto, comienzan a temblar.

Trago saliva y deslizo el dedo por la pantalla.

—Hola.

—Finalmente —su voz suena molesta al otro lado de la línea.—. Pensé que tendría que esperar un año para escuchar tu voz.

Suspiro.

—He estado ocupada con la universidad.

—Anastasia, son treinta segundos para marcar un número. No me digas que no los tenías.

Sí los tenía. Tenía horas para llamarlo, pero me da miedo.

Miedo de escuchar su voz y saber, por el tono con el que diga mi nombre, si está tranquilo o si esta vez va a pedirme que regrese para dejarme en el hospital.

—No… lo siento.

—Recuerda algo, hija mía,  estás aquí por nuestra decisión. Tu educación, tu casa, tu comodidad... todo lo que tienes existe porque nosotros lo financiamos. No muerdas la mano que te ha dado todo. Lo mínimo que podrías hacer es mostrar algo de gratitud.

Muerdo el interior de mi mejilla.

—No lo hago, papá —respondo rápidamente— Estoy agradecida. Sé todo lo que haces por mí y nunca he querido parecer desagradecida.

—Entonces compórtate como alguien que está agradecida —responde tajante—. No necesito que me lo digas, necesito verlo.

—Te iba a llamar mañana, papá  —me apresuro a decir.

—Llamame igualmente —ordena —. Y espero que estés en tu casa, en tu cama, descansando. No quiero que descuides tus estudios ni tu salud.

La pantalla se apaga cuando la llamada termina.

¿Por qué estaba despierto a esta hora?

El teléfono cae de mis manos y tengo que agacharme para recogerlo. Mis dedos tiemblan y siento cómo el aire empieza a faltar.

Mis dedos se mueven rápido sobre la pantalla mientras escribo en el grupo con las chicas.

Anastasia: Pedí un taxi, me siento mal. No se preocupen, las veo mañana.

Guardo el celular en mi bolso y camino hacia la entrada, esquivando a una pareja Desbloqueo el celular y abro la aplicación de taxis con dedos temblorosos. Introduzco la dirección de regreso y confirmo el viaje.

"Tu conductor llegará en 5 minutos."

Me abrazo a mí misma, frotando mis brazos por el frío de la noche.

Las luces de la calle parpadean en mis ojos cuando el taxi finalmente se detiene frente a mí. Exhalo aliviada, abro la puerta y me deslizo dentro sin pensarlo demasiado.

—Buenas noches —murmura el conductor, pero apenas le respondo con una sonrisa.

Cierro la puerta y me recuesto contra la ventana.

El taxi se detiene frente a mi edificio, y tras pagarle al conductor, bajo con rapidez. Empujo la puerta de mi apartamento y la cierro tras de mí.

Quiero llorar.

Quiero tener otro papá.

Me descalzo en la entrada, deslizándome fuera del vestido y cambiándolo por unos pantalones cómodos y una sudadera. Me hago una trenza en el cabello..

Agarro mi celular y pongo música, camino hasta la cocina y me subo al mesón mientras reúno los ingredientes. Mezclo todo con paciencia.

Mañana saldré temprano y las regalaré a las personas que viven en la calle. Tengo la oportunidad de hacer algo bueno, no debería pasar de largo.

Me aseguro de que cada galleta quede perfecta. Apenas la primera tanda está lista, el dulce aroma a chocolate y vainilla invade mi pequeño apartamento. Me hace sonreír.

Preparo bolsitas individuales con pequeños lazo de color rosado, acomodo las últimas galletas en las bolsitas y miro la hora. Casi las cuatro de la mañana.

Dejo una caja aparte con algunas extra, para mis amigas. Aún no tengo sueño por lo que  guardo los ingredientes, lavo los utensilios, seco cada plato con cuidado. Luego paso un paño por las encimeras, el comedor, la mesa de café hasta cansarme.

Voy al baño, acomodo los productos en línea perfecta. En mi habitación, doblo la manta sobre la cama, ordeno los libros en mi escritorio, enderezo un cuadro en la pared.

Me dejo caer en el sofá con una manta sobre los hombros y un libro entre las manos.

Cruzo las piernas, acomodo la manta mejor y paso las páginas, cuando levanto la vista, han pasado casi dos horas. El café en la mesa está frío, mis ojos se sienten pesados y la fatiga comienza a asentarse en mi cuerpo.

Me acurruco más en la manta, dejando el libro a un lado, sin darme cuenta, el insomnio pierde.

Bajo tu Dominio [LIBRO #1]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora