Eclipsada en lujos, nepotismo y privilegios, Jennie pensaba que su vida sería así para siempre. Se había abandonado a las circunstancias en las que nació; reprimida por el patriarcado, robotizada en protocolos y amada por millones de ciudadanos simp...
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Heavy Is The Crown - Linkin Park (Arcane Version)
This is what you asked for, heavy is the crown Fire in the sunrise, ashes rainin' down Try to hold it in, but it keeps bleedin' out This is what you asked for, heavy is the Heavy is the crown
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Londres. Febrero del 2025.
El veredicto tardó cuatro minutos en terminar de leerse.
Raewon Kim lo escuchó de pie, con las manos en el regazo, la espalda recta y una expresión impasible. Una que prometía no darle al mundo la satisfacción de verlo derrumbarse en público. El juez leyó con voz monótona, la de alguien que entendía que su trabajo en ese momento no era interpretar sino pronunciar.
Era un juez especial, enviado directamente por las Naciones Unidas, una institución que llevaba décadas paralizada por los mismos intereses que Raewon había alimentado durante años y que ahora, por primera vez en cuatro décadas, había encontrado el consenso suficiente para actuar.
La caída del régimen había hecho lo que ninguna negociación diplomática había logrado. Obligó a países que se ignoraban mutuamente a sentarse en la misma mesa, a firmar los mis documentos, a reconocer que lo que había pasado en ese continente no era un asunto interno sino una deuda que el mundo entero tenía pendiente con las personas que habían pagado el precio de mirarlo hacia otro lado.
Eso también era parte del legado de Raewon. Aunque no fuera el que había planeado.
El juez terminó de leer y luego levantó la vista.
Culpable de veintitrés cargos.
El más grave de todos era el que Chiquita había pasado los últimos años construyendo desde adentro, ese archivo irrefutable que no dejaba espacio para interpretaciones ni para los tres abogados que Raewon había contratado en las primeras cuarenta y ocho horas y que habían renunciado uno por uno conforme entendían la magnitud de lo que tenían encima. A eso se sumaba algo que ningún archivo necesitaba documentar porque el mundo entero lo había visto en directo, la muerte de la reina transmitida en cadena internacional, ese momento específico que había convertido lo que podría haber sido un juicio político en algo que no tenía nombre legal todavía pero que todos en esa sala entendían de la misma forma.
Había cosas que los archivos probaban. Y había cosas que el mundo había visto con sus propios ojos y que no necesitaban prueba.
Culpable.
Raewon no dijo nada.
No miró a la galería donde había periodistas y supervivientes de los campos y personas que habían perdido a alguien en las ciudades que había arrasado y que habían viajado desde esos sitios todavía en reconstrucción para estar presentes en este momento específico porque necesitaban mirar el final con sus propios ojos.