Puede que esta historia no tenga mucho sentido, pero la mente de los artistas jamas a necesitado tal cosa.
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—Miau!!— grito la chica de cabello castaño al despertar en su cama, quedando confusa al ver la luz del sol iluminar su rostro desde su destruida ventana.
—Patata!— escucho a su lado, encontrándose con un par de ojos ámbar que la observaban.
—Hyaaaaaa!! lárgate!! fuera!!!— grito la muchacha en tanto le arrojaba su zapato a la cara de su amigo.
—O-oye tranquila o me voy a caer... si ya despertaste, puedes ayudarnos?— interrumpió el castaño desde la ventana ante la joven que quedo confusa.
Sin embargo, fue en ese instante que vio mas claramente su habitación. Su puerta estaba destruida, junto con su cama y su cómoda, además de que su mesita de noche estaba literalmente partida en dos. Mas eso, todas sus paredes e incluso su techo estaban repletos de agujeros de balas.
—Q... que paso...?— Janette.
—Adivina... es mejor que te vistas, tenemos mucho trabajo— respondió el joven con una sonrisa, antes de deslizarse por la escalera que lo mantenía en el segundo piso, dejando sola a la chica, quien se dispuso a levantarse.
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Todas las personas lentamente regresaban a la ciudad, sin embargo, desde el principio hasta el final del conflicto, una silueta femenina permaneció en el hospital central de la zona.
Protegiendo a todos los enfermos y personas dentro del establecimiento, sin embargo, nadie sabía quien fue aquella mujer rubia que lucho contra varios soldados por si sola.
En la calle frente al hospital, la sangre que aquella mujer dejo con sus heridas junto con los cuerpos de varios mercenarios continuaba aún por ser lavada por los camiones encargados de la limpieza de la ciudad. Conforme el día llegaba, todos los ciudadanos regresaron a sus casas, a excepción de una pequeña familia, quien encontró su casa reducida a escombros. Y aunque los dos adultos solo quedaron confusos, su hijo de cabello verde mantenía una expresión de deja vu en su rostro.
Confusos pero agradecidos, los civiles dieron gracias por que nadie resultara herido. Aún así, los últimos en salir de la zona de guerra, hablaban sobre un pequeño resplandor verde que recorría la ciudad, destruyendo a todos los tanques y aviones que encontraba. Otros hablaban sobre numerosas cosas negras que sobrevolaban los cielos, atacando a los enemigos y derribándolos. Unos pocos comentaron sobre un pequeño brillo celeste que recorría los cielos, disparando a todos los aviones a gran velocidad.
Sin embargo, en medio de toda la felicidad y planeamientos para la reconstrucción de su ciudad, en el hospital central, no había mas que desgracia para una mujer que estaba sentada junto a una cama.
—Lo siento...— susurro la desamparada mujer ante el pequeño bulto que apenas si sobresalía de entre las sabanas.
—Hice todo lo que pude... y a pesar de todo... no sirvió de nada...— agrego la chica en tanto apretaba sus puños cerrados.
—Que fracaso... Emily... no puedo hacer nada por ti, no pude hacer que tu padre reaccionara... y ahora... que se supone que haga sin ti...?—
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