20 de mayo de 2022
Querida Julia:
No te preocupes por la carta de Ligia, por favor. No todos somos perfectos y sí, hay días que estoy triste, siempre los habrá, pero estoy bien, mi amor. Dentro de lo que cabe, creo que estamos bien. En unos días te harán la cirugía que tanto pedí, primero tienen que hacerte una larga lista de exámenes. Siento que Emilio está detrás de eso, intentando retrasar todo, pero no se saldrá con la suya, tranquila.
Con respecto a Adriano, pues al final aceptamos. Hicimos una lista de pros y contras y los pros ganaron. A estas alturas, me devuelvo al pasado y agradezco que hayamos aceptado, ya que fueron una ayuda en todos los sentidos.
Tú empezaste a trabajar en su empresa apenas inició el siguiente año y yo ayudaba con algunas cosas en las tardes, más que nada a ordenar archivos y cosas por el estilo, puesto que no iba a dejar mi puesto en el colegio por nada del mundo, me gustaba enseñar y no desaprovecharía poder hacerlo, aun cuando Adriano me hubiese pagado mejor.
La convivencia fue buena desde el primer momento, Patricia nos trató más como su familia y nos pedía opiniones para las cosas de la casa. Los niños se acostumbraron a vernos todos los días en todo momento y a veces nos pedían a nosotras que fuéramos a acostarlos en vez de sus padres.
Gracias a que nuestra contribución a la casa se centraba en la comida, nos quedaba el dinero suficiente para ir ahorrando y así fue como tres años después logramos comprar un terreno en Caracas, donde tiempo después Elías construyó la casa que había diseñado para nosotras años antes, con ayuda de un crédito que yo pedí al banco.
A Claudia la volvimos a ver por esas mismas fechas, fue una alegría poder recuperar su amistad junto a la de Elías y la de José Gabriel, su hijo mayor; con Pablo sí tardamos mucho más en volver a hablar, con el tiempo nos terminó aceptando, cosa que no sucedió con sus otros hijos.
Hacia 1977 nuestra casa por fin estuvo lista y nos pudimos mudar. Cuarenta y cinco años más tarde, seguimos aquí y éste será el lugar en el que moriremos.
Recuerdo que cuando Elías nos enseñó la casa (no nos había dejado acercarnos después de que elegimos los colores de las paredes), tú y yo nos sorprendimos al ver que estaba totalmente amoblada. Entre los Quiroga y tu hermano nos habían comprado todo lo necesario. Lloramos de la felicidad y los abrazamos a todos durante un largo rato. Estaban Adriano, Patricia, sus hijos, Claudia, José Gabriel y Elías.
—Falta que vean lo más importante —exclamó Patricia emocionada, y nos guió devuelta a la sala, abrió una puerta que estaba a la derecha y entramos en una sala más pequeña, que tenía un gran mueble que estaba cubierto por una sábana—. ¿Quién quiere hacer los honores? —inquirió, sonriendo de oreja a oreja.
Un ladrido se escuchó detrás de nosotros. Todos volteamos asustados y vimos cómo un pequeño perro se metía entre nuestras piernas y corría hacia el mueble.
—En mis planes no estaba que se me escapara —dijo una voz masculina, y giramos a ver a su dueño, quedándonos de piedra al ver a Pablo con una sonrisa indecisa caminando hacia nosotros.
—¡Pablo, querido! —gritó Claudia, y corrió a abrazarlo y a besarlo.
—Perdón por llegar tarde —se disculpó, nos miró a ti y a mí y luego miró detrás de nosotras y su expresión cambió un poco—. Me parece que alguien se emocionó y se les adelantó —murmuró.
No entendí a qué se refería hasta que volví a mirar el mueble grande que estaba en medio de la habitación, aunque resultó no ser un mueble, sino un piano bellísimo que me robó la respiración; la sábana estaba casi en el suelo y el perro ya se había subido al banco que estaba frente al piano y estaba acostado.
Todos nos reímos un largo rato.
Y así fue como Rufo llegó a nuestra vida.
Fuimos tan felices, mi amor.
Con amor,
Isabel
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Un minuto más
RomanceCombinando el presente y el pasado, Isabel hilará los diferentes hechos de su vida para poder narrarle, a través de cartas, su historia a su amada; recorriendo viejos caminos, pero esta vez sin compañía. Historia destacada en el perfil @FiccionGener...
