29 de marzo de 2022
Querida Julia:
Apenas Pablo se fue después del almuerzo con sus hijos, mi mejor amiga nos pidió a ti y a mí que la acompañáramos al despacho, el cual yo no visitaba desde hacía ocho meses; nos sirvió una copa de vino a cada una, de la reserva privada de su esposo, y se sentó detrás del escritorio, mirándonos sin decir una palabra, tenía ojeras y sus ojos verdes se notaban muy cansados.
Tú no aceptaste la bebida y te dirigiste hasta la ventana del despacho; por el contrario, yo me senté frente al escritorio y tomé una de las manos de Claudia. Primera vez en mucho tiempo que me detenía a observarla detalladamente, se notaba que había adelgazado a pasos agigantados, su cabello negro estaba surcado por decenas de canas y en sus manos podía notar las venas sin ningún esfuerzo, algo que antes no pasaba.
—Díganos, Claudia, ¿qué le aflige? —La mano que yo no sostenía tembló cuando la alzó para agarrar su copa, se bebió la mitad del contenido en un trago—. ¿Qué sucede? —insistí.
Tú no nos mirabas, sino que tenías la vista en el exterior. Por la posición decaída de tus hombros supe que sabías de qué hablaría Claudia, pero no eras capaz de enfrentarlo. Devolví mi mirada a la pelinegra cuando la escuché inhalar y exhalar profundamente.
—Tienen que irse. —Y mi mundo se derrumbó, aun estando sentada, sentí todo temblar bajo mis pies.
No había probado ni un pequeño sorbo del vino, sin embargo, la noticia, aunque esperada, me impactó y bebí todo el líquido en menos de cinco segundos. Tú te paraste detrás de mí y pusiste tus manos en mis hombros.
—Lo entendemos —respondiste suavemente.
—Yo... No quería, no quiero... Pero mi matrimonio se está acabando. No puedo permitirlo. Pablo es un buen hombre, ustedes bien lo saben; sólo pasa por un mal momento. Hay que darle tiempo, tiempo para que entienda. —Se notaba agobiada, sus ojos estaban rebosantes de lágrimas y su voz se quebró en la última palabra.
—Lo entendemos —repetiste.
Ella se levantó y con dudosos pasos se acercó hasta uno de los libreros, sacó uno de los libros más grandes y se devolvió a la mesa. Lo dejó caer con un golpe sordo y lo abrió por la mitad, ahí había un sobre casi tan grande como el libro y me lo extendió.
—Ahí está el dinero que me ha dado desde junio. Ahorita lo necesitarán más que yo. Y guardé también parte de mis ahorros. —Alzó la mano cuando vio que yo tenía intenciones de hablar—. Déjeme ayudarla, por favor, Isabel; déjenme que las ayude en lo que pueda.
—Gracias por todo lo que ha hecho por nosotras, Claudia. Se lo agradeceremos toda nuestra vida —expresaste, y, sorprendiéndonos a las dos, fuiste y la abrazaste. Me levanté y me uní a su abrazo, y ahí fue cuando Claudia se permitió llorar.
Con amor,
Isabel
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Un minuto más
RomansaCombinando el presente y el pasado, Isabel hilará los diferentes hechos de su vida para poder narrarle, a través de cartas, su historia a su amada; recorriendo viejos caminos, pero esta vez sin compañía. Historia destacada en el perfil @FiccionGener...
