Collins (Dunkirk)

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En la película nunca nos dicen el nombre de Collins, así que me he tomado la libertad de llamarlo Jack, el actor es Jack Lowden.


-Señorita.
Me giré sobre el taburete.
Un hombre rubio, con uniforme de la RAF, estaba a unos metros de mí.
-Si?
-Me preguntaba si me dejaría invitarla a una copa.
Sonreí con las mejillas sonrojadas.
Pude oír a mis amigas reír detrás de mi.
-Em. Claro, estaría encantada.
Señaló la barra.
-Me acompaña?
Estaba tan ensimismada con sus ojos azules que casi ni le escuche.
Cómo podía haberse fijado en mi?
-Claro.
Me puse de pie, y él me tendió su brazo.
En la barra pidió nuestras dos bebidas.
-No le he preguntado su nombre.
-Rachel Johnson. - dije sonriendo.
Me encontraba increiblemente nerviosa. Mis amigas siempre llamaban más la atención que yo, más hermosas y divertidas. No estaba acostumbrada a que se acercara ningún hombre a mi.
-Encantado, señorita Johnson. Jack Collins.
Tomé su mano encantada.
-Piloto, según veo.
-Si, de Spitfire.
Lo mire fascinada.
-Es increíble... Y bueno... Peligroso, no?
-Sin duda. Pero hago mi trabajo a gusto. Y tú? Que te trae por aquí? No hay mucha gente agena al ejército en este bar.
-Soy enfermera.
-En la base?
-Si.
-Nunca la había visto.
-Suelo pasar desapercibida.
Puede que aquella fuera una de las mejores noches que había pasado en mi estancia en la base.
Jack era dulce, educado y sin duda atractivo. Hacía que mi corazón latiera con fuerza cada vez que me acariciaba o hacía algún cumplido.
Desde entonces habíamos tenido 2 citas. Ambas en el mismo bar, que por las tardes servía los mejores batidos de la zona.
Mis amigas me habían advertido, enamorarte de un soldado podía ser duro. El novio de Jenny combatía en el frente. Siempre le enviaba cartas, pero podía ver el pesar en sus ojos mientras las leía.
Yo nunca había tenido pareja, y evidentemente la atención que Collins me daba me hizo enamorarme rápido de él.
Un día curaba la mano de un mecánico que se había quemado mientras trabajaba cuando alguien me llamó.
-Señorita Johnson, hay alguien que quiere verla.
Mire al hombre que estaba atendiendo extrañada.
-Dejaré la herida destapada unos minutos para que absorba la pomada. En seguida vengo, vale?
Asintió.
Salí al Hall de la enfermería.
Ahí estaba él. Mi apuesto piloto.
Bueno, no era mío, en si. Pero si había oído que llevaba semanas sin verse con ninguna otra mujer, lo que me daba esperanzas.
-Collins. - me acerque sonriendo.
Me miró, estaba serio.
-Ocurre algo?
Trago saliva.
-Tengo... Tengo una misión, señorita Johnson.
Me acerque a él, agarrandome a su brazo. Tenía el estómago en un puño.
-Rachel, Collins, llamame Rachel.
Asintió.
-Una misión?
-Dunquerque.
Jadee.
Los alemanes habían acorralado a nuestras tropas en las playas de Dunquerque. No había vuelta atrás. Era una batalla perdida.
-Pe... Pero...
-Hay miles de hombres en esas playas. Necesitan protección.
-Cuando?
-Pasado mañana.
Parecía preocupado.
-Rachel... Es peligroso.
Asentí despacio. Lo sabía. De esto me habían advertido ya.
-Quiero... Bueno... Quieres pasar mañana el día conmigo?
-Si. Claro que si.
Quería quitarme la bata e irme ya. Quería estar con él. Podrían ser nuestras últimas horas juntos.
-Mañana te recogeré en casa, vale?
Asentí.
Tome sus manos. Temblaban. Estaba asustado, y yo también.
-Collins...
-No digas nada.
Se acerco y me beso la frente.
-Que tengas un buen día, Rachel.

No había dejado de llorar en toda la noche. Por primera vez en mi vida tenía la posibilidad de encontrar a un hombre que me amara, y ahora podía perderlo. Para siempre.
-Rachel... - Amy me acarició el pelo.
-Me siento estúpida.
Mi amiga me abrazo.
-Lo quiero.
-Asegúrate de que lo sepa antes de marcharse. Ahora vamos a prepararte. Tienes todo el día con él. Para disfrutarlo, y despedirte.
Cuando Collins se presentó en mi puerta casi me desmayo.
Estaba guapísimo, con camisa y pantalones de vestir.
-Jack.
-Rachel, estas preciosa.
-Gracias.
Me cogió la mano, besando mis nudillos.
-Vamos, tengo una sorpresa.
Sonreí.
Jack me llevó en su coche hasta la base.
-Que hacemos aquí, Jack?
-He pedido un favor. No va a ser mucho, pero quiero que veas algo.
Con mi mano alrededor de su brazo, Jack me llevó hasta un hangar.
-Que hacemos aquí, Collins?
-Es mi avión.
Observe el aparato. Nunca había visto uno en persona.
-Quieres dar un paseo?
Lo mire sorprendido.
-No es peligroso?
-Ya te he dicho. He pedido unos favores. Y volaré os hacía el Oeste. No hay alemanes por ahí.
Reí. Estaba hecha un manojo de nervios.
-En serio?
-Si, claro. Quieres?
-Me da un poco de miedo.
-Estaré contigo.
Apreté su mano.
-Farrier! Nos ayudas?
Y tras un rato, las ruedas del avíos dejaban el suelo.
Collins me rodeaba con sus brazos, manejando los mandos y explicandome cosas.
-Es precioso...
Sentí su barbilla en mi hombro.
-Quería que vieras esto. Lo que veo yo a diario.
-Siempre quisiste ser piloto?
-Cómo mi padre.
Mire al horizonte. El cielo estaba azul, había nubes esponjosas y la hierba resplandecia bajo el sol.
-Jack. Tengo que decirte algo. - dije con urgencia. No podía dejar que se fuera sin saber que le quería.
-Dime.
-Te quiero.
-Deberías haber esperado. Tengo que aterrizar y ahora estoy nervioso.
Reí.
-Confío en ti.
Jack me dio un beso en la mejilla.
-Lista?
Asentí.

-Quiero que tengas esto, Collins.
Estábamos en la puerta de mi casa.
Había pasado el mejor día de mi vida con él.
-Es... Bueno, lo he hecho yo. Para que te acuerdes de mi.
-Va a ser imposible olvidarme de ti. Con suerte solo estaré fuera unos días.
Con suerte...
Nos quedamos en silencio.
-Rachel... No puedo prometerte que volveré. Pero si puedo prometer que, si lo hago, te buscaré, y te encontraré.
-Te esperaré.
Tomó aire.
-No me esperes demasiado...
Sabía en que pensaba.
-Jack.
-Rachel. Si me cogen no me esperes. Haz tu vida, se feliz.
Los ojos se me llenaron de lágrimas.
Me sujeto por las mejillas.
-Yo también te quiero.
Sonreí un poco y besé sus labios, despacio y con cuidado. Sus manos me abrazaron, sin ningún tipo de pudor.
-Te quiero vivo, Collins.
-Lo intentaré, pero no lo prometo.

-Amy, tu padre es de la RAF, no?
-Si. Por?
-Puedes pedirle un favor, por mi?
-Si, claro.
-Quiero... Quiero saber donde esta Collins.
Amy me cogió la mano.
-Rachel...
-Por favor. Solo... He oído que hay barcos de camino. A rescatar a soldados. He preguntado por él y nadie sabe nada. Estoy desesperada.
Mi amiga me abrazo.
-Se lo pediré.
Dos días más tarde, Amy me dijo que había conseguido que me destinarian a uno de los puertos donde llegarían los barcos.
El día había sido muy ajetreado. Me encontraba agotada y asustada.
En ninguno de esos barcos había vuelto Collins.
Me senté en un taburete, limpiando la sangre de un soldado de las manos.
Tenía ganas de llorar. Tantas horas ahí, sin saber nada sobre él, sin saber si llegaría a aquel puerto o si llegaría siquiera a alguno.
Tal vez su avión había sido derribado y ahora se hundía en las profundidades del mar.
-Llega otro! - avisó un soldado.
Me levante y espere a que trajeran los heridos. Había visto cosas horribles a lo largo del día.
Vi como bajaban de un pequeño barco una camilla, pero decían que el muchacho había muerto.
Observe a los soldados, llenos de lo que parecía combustible, empapados, cansados y con caras tristes.
Y entre ellos, vi ese uniforme azul.
Se me aceleró el corazón. Entre la masa de cuerpos, no sabía si era él. No le podía ver bien.
Me escapé del puesto de enfermería y me cole entre ellos.
En un pequeño hueco creado entre los hombres, le vi, junto a un hombre hablando. Se despidieron y se giró.
Entonces vi sus ojos claros y quise llorar.
-Collins.
Me lancé hacia él, aferrándose a su cuerpo con fuerza.
Él se abrazo a mi, escondiendo su cara en mi cuello.
-Pensaba que no te volvería a ver, Jack.
Acaricié su pelo.
-No he dejado de pensar en ti ni un segundo.
Me aparte un poco y bese sus labios.
Suspiró relajado, dejándose llevar por mis besos.
Nos separamos cuando alguien nos empujó.
Jack me acarició la mejilla.
Vi sus ojos cansados y tristes.
-Me alegro de que estés de vuelta.

Habíamos cogido un tren de vuelta a la base con otros tantos soldados, enfermeros, medicos, etc.
Collins me había contado todo, como el avión había caído al mar, el señor Dawson y su hijo le habían recogido, como Farrier volaba casi sin combustible y los había salvado de otro avión. Ahora no sabía que había sido de su amigo, si estaba perdido en el mar, muerto, o apresado en la costa.
-Collins.
Levantó la vista.
-Te quiero. - cogí su mano.
-Yo también te quiero, Rachel. Te prometí que te encontraría y te has empeñado en hacerlo tú.
-Me alegro de haberlo hecho.
Collins me abrazó por los hombros. Me pegué todo lo que pude a él y cerré los ojos.
Esta noche podría dormir tranquila. Con suerte, a su lado.

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