Un desconocido dentro de un conocido

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Blake:

—No más paseos nocturnos, cariño... —le decía a Coco, al regresar al apartamento, después de una caminata por las áreas verdes del edificio.

—¿¡Matt, qué estás haciendo!? —Escuché la voz de Zacky en el ascensor que se encontraba al lado del que acababa de ocupar.

—¿Qué no dijiste que ya me fuera a dormir? —La voz de Matt, sonaba un tanto extraña—. Esto es lo que hago antes de dormir...

—¡Sí, imbécil, pero no hemos llegado y nosotros estamos aquí! —Reconocí las carcajadas de Jimmy al instante.

Rápidamente tomé a Coco en brazos y corrí a mi apartamento, cuando el ascensor llegó al piso. Abrí la puerta, cerré, dejé a mi cachorro en el suelo y permanecí pegada a la puerta, observando por la mirilla.

—¿A dónde vas? —Zacky tiró de la camisa a Matt, quién se dirigía precisamente hacia mi apartamento tambaleante y con un ramo de rosas en la mano. Dios, estaba ebrio. Muy ebrio.

—¡Suéltame, carajo, quiero ir a ver a Blake! —dijo Matt, molesto.

—¡Shhh! —Zacky cubrió su boca.

—Vamos, hermano, deja que lo intente... Además para eso le compré las rosas... —dijo Jimmy, sosteniéndose de la pared para evitar caer al suelo—. Y te recuerdo que este cabrón acaba de vomitar.

—¡Agh! —Zacky retiró su mano, asqueado—. Blake ya debe estar dormida y él está ebrio... —murmuró Zacky, frotando la palma de su mano en la camisa de Matt.

—¿Y qué? Eso no cambia nada... eso no cambia que la amo... —dijo Matt, haciéndome sentir de la misma forma en la que me sentí cuando lo dijo por primera vez.

—¡Así se habla, viejo! ¡Más fuerte! —dijo Jimmy.

—No... —susurró Zacky.

—¡Blake, te amo! —Cubrí mis labios con ambas manos.

—¡Cállate y entren los dos ahí! —Zacky los hizo entrar a ambos al apartamento de Matt—. Duerman ya, joder, los vecinos se van a quejar... —ordenó, cerró la puerta y se marchó.

Permanecí parada unos segundos más en la puerta, procesando lo que había presenciado. Sin saber cómo reaccionar, di un paso a mi derecha, dispuesta a ir a mi habitación, pero apenas esto pasó, cuando volví a escuchar movimiento afuera. Sin esperar un segundo, regresé a la puerta.

—Ve y dale las rosas... —susurraba Jimmy.

—Lo dices muy fácil, no tienes idea de cómo la he cagado con esta mujer... Ella es demasiado para mí... —dijo desanimado, estampando su cabeza contra la pared.

—¿¡Así es como debería hablar un soldado!? —gritó Jimmy.

—No... pero no soy soldado... —dijo Matt. Apreté los labios, ahogando una risita.

—¿¡Qué dijo, soldado!? —Jimmy elevó aún más la voz.

—¡No, señor! —Matt se paró erguido.

—¡Eso quería escuchar! ¡Ahora vaya por esa señorita! —ordenó Jimmy.

—¡Sí, señor! —Él caminó hacia mi puerta, esforzándose por caminar correctamente. Pero los efectos del alcohol, lo hacían caminar de izquierda a derecha—. No puedo hacerlo... —chilló.

—¡Una puta mierda! —Jimmy se le arrojó encima. Angustiada, coloqué la mano sobre el picaporte, pero no seguí moviendo ni un músculo cuando me percaté de que lo único que hacían era rodar por el suelo. Esto no era violento. Era jodidamente gracioso.

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