|| Capítulo 62 ||

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Conversación nocturna y Bean Turner.





Respiré hondo un par de veces y entré a la casa presidencial, subí por el ascensor, las puertas fueron bloqueadas por un pie y alcé la cabeza, encontrándome a Khan de frente. Se quitó las gafas de sol y me miró con la gaza en la sien, aún la herida seguía algo reciente y debía estar cubierta para que no agarre infección.

Entró al ascensor y presionó el botón, las puertas se cerraron y se posó a mi lado, mirando la hora en su reloj de mano. Hoy era su cumpleaños si no me equivocaba, pero era claro que de su agrado no sería. Era tan poco emocional con todo que supuse que también con su cumpleaños.

Me moví en mi lugar, algo incómoda. Desde lo de Ronan en el pasillo no he visto a nadie, y la gasa en mi frente daría mucho de que hablar, ya veré que historia me contaré.

—¿Tú me devolviste a Dark? —rompí el silencio.

—¿Quién?

—Mi gato, no lo mataste.

Apretó la mandíbula y miró de reojo mi herida.

—Tal vez no —se removió incómodo, aflojó su corbata de mala gana y se desordenó un poco el cabello con la mano.

No dije nada, solo lo observé de lado, la cabeza me iba a estallar en nada. Me sostuve de una pared y salí del ascensor apenas las puertas se abrieron.

Me fui camino a mi oficina, pero me detuve al ver a lo lejos los carteles de las campañas de los candidatos a ministros. Mis ojos encontraron los de Ronan a los lejos y alcé la cabeza.

—Viceministra, ¿qué le pasó? —Rose se acercó, horrorizada.

—Estoy bien, solo fue un golpe contra una puerta —mentí.

—Seguro iba ebria —se burló Lilly pasando con Lorey, ella era claro que iba a provechar para meterse aquí cuanto más pudiera para joderme.

Las miré a las dos, masajeando mis sienes.

«Respira hondo, Kassia»

—Mira, Lilly, no estas hablando con una igual, así que, si no quieres acabar peor que Lorey y ser la dama de cama como lo es ella, mejor cierra la boca —le dije. Ellas buscaban pelear y era algo para lo que no tenía cabeza ahora.

—Ramera de cama pero próximamente la primera dama —se mofó, me tomó del brazo cuando quise irme y le doble el rostro de una bofetada.

Se me vino encima, pero Khan tomó de brazo a las malas.

—¿No tienen puto trabajo que hacer ustedes dos? Tú ya no perteneces aquí, así que haz lo tuyo y lárgate cuanto antes —le escupió con hastío, ella lo miró dolida y fue asqueante.

Avancé a mi oficina, ignorando al resto, la cabeza me iba a explotar en menos de nada como siguiera ahí, oyéndolas.

Cerré la puerta detrás de mi y le puse seguro, arrojando el café a un lado.

Maldita víboras.

Me quedé todo el día encerrada en mi oficina, sin ganas de verle la cara a nadie, solo trabajando y con Khan observándome seguramente por las cámaras. Como si fuera estúpida, las había puesto hace tiempo solo que yo las dejé, era un idiota controlador.

Solté el bolígrafo sobre el escritorio, ya eran más de las seis de la tarde y yo seguía aquí, aislada. Me quité las gafas de descanso y me puse de pie para ir a la cafetería, entré y puse un billete en la máquina de alimentos, saqué tres barras de cereal, pero la cuarta quedó trancada. Para variar.

Dulce Condena [+21]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora