|| Capítulo 37 ||

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La curiosidad puede matarte.


Sentía como si un camión me estuviera pasando por encima una y otra vez la cabeza. Me punzaba demasiado, y era jodidamente aturdidor el zumbido que tenía en los oídos. Era como estar en una sala donde todo retumbaba y dolía en mi cabeza.

Me cubrí los oídos con las manos y me salí del baño, bajando por una pastilla que me hiciera efecto o iba a arrojarme de las escaleras.

Le pedí a una de las empleadas alguna pastilla y me dieron, no tarde en beberla de un trago y embutiéndome a agua, me llené la boca y tragué.

—¿Se encuentra bien, señora? —me preguntó una de ellas.

—Si, bien, descuida. Resaca del otro día —sonreí y ambas igual. Teniendo a Khan como jefe me imagino que han de estar pensando cualquier cosa que me haya hecho.

Respiré hondo un par de veces y subí de regreso a la habitación.

Supuse que Khan estaba trabajando y mejor así, después de perder la dignidad y llamarlo para que me fuera a buscar no tenía ganas de verlo.

Debí asistir a la casa presidencial pero no tenía ganas hoy, no me apetecía verle la cara a Lorey ni a nadie. Y menos hoy que me estallaba la cabeza en pedacitos, si iba solo sería a estar de malhumor, aunque eran pocas las cosas que me ponían de malas.

Me pasé el dedo índice por el labio inferior, aún dolía, apenas fue ayer que ese animal me lastimó. Me puse una banda negra en la cabeza para quitar el cabello de mi rostro, me puse ropa deportiva y bajé al gimnasio.

Debía mantenerme entrenada, no podía perder el hábito de mantenerme en buen estado físico.

Entrené por una hora porque la cabeza seguía matándome de dolor, era más que una resaca de alcohol. Me pasé una mano por el abdomen, mi herida ya estaba bien, pero el médico me recetó los medicamentos para una semana más así que me tomé el calmante.

Me metí a la ducha rápido, dándome un baño de agua fría. Necesitaba salir de estas cuatro paredes o me volvería loca, pero siempre prefería husmear en cosas que no debería.

Quería abrir la puerta que estaba cerrada con candado, sería imposible si no encontraba la llave o alguna herramienta para romper el candado. Es obvio que Khan se daría cuenta si hiciera eso.

Me mordí la lengua y seguí caminando por el pasillo, me detuve en seco cuando empujé la puerta del despacho y me encontré a Khan, alzó la cabeza en dirección a mi y soltó el bolígrafo que tenía en su mano.

—¿Siempre que crees que salgo husmeas por todo el penthouse? ¿Qué quieres encontrar, cría?

—No husmeo, solo camino por todos lados, conociendo —bufé a la defensiva. Sus azulados y fríos ojos me analizaron con firmeza, alcé la barbilla, no iba a bajarle la mirada si creía que si —. No sabía que estabas aquí.

—Es obvio.

Se puso de pie y su altura me hizo sentirme pequeña por unos segundos. Portaba ropa de chándal negra, e iba con el cabello húmedo, lo que me decía que llevaba encerrado aquí mucho antes de que despertara.

Dulce Condena [+21]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora