Secuestro y encuentro en el vestidor.
Kassia.
En unas semanas se haría un año en el que llegué a Manhattan, y también mi cumpleaños número 22. Un año en el que firmé ese documento que me comprometió con el hombre más inhumano y sin escrúpulos que podría conocer. Un año en el que la tortura comenzó para mí. Un año en el que volví a casa sin mi papá.
Llevaba días en el penthouse, ya había retomado mis labores, porque no me iba a dejar ver débil. No pensaba darles más de ganar a todos los que me querían ver mal.
Pero no dejaba de pensar en ese sujeto que me llamó, y me prometió destruir. El hijo de mi papá. Ni siquiera sabía que tenía un medio hermano, siempre soñé con tener más hermanos, pero ahora que lo tenía, me culpaba de las decisiones de mi padre.
Era más grande que yo, así que yo fui la segunda hija de Evan Roger. La que amó y cuidó, pero que por mi culpa abandonó a ese chico.
No conocía la faceta mala de mi padre, nunca lo conocí como hombre de negocios, sino como mi progenitor. Pero me he dado cuenta en este último año lo cruel que pudo haber llegado a ser detrás de esa sonrisa y el cariño que me daba.
Salí de mi oficina entre tanto pensamiento, iba a volverme loca si seguía encerrada por horas y la cabeza a mil.
Alguien me jaló del brazo a mitad de pasillo y volteé para encontrarme a Loren de frente.
—Suéltame —le exigí. Me solté de su agarre y sonrió —. No eres bienvenido aquí, así que mejor lárgate antes de que te acuse, maldito abusivo.
—¿Dónde está Ronan?
—No sé de qué mierda me hablas, ni tampoco me interesa saber en donde está.
—Ven aquí —me empujó y le clavé el codo en el cuello, se alejó dos pasos y lo miré malherido —. Sé que ustedes tienen a Ronan en algún lado. Todavía se atreven a atacar a luz del día.
—Déjame en paz, yo no tengo nada que ver con lo que sea que digas.
—Todas las mujeres son unas golfas mentirosas —me quiso tomar del cabello, pero un cañón en su sien lo detuvo.
—Un movimiento en falso, y te mueres —dijo Liam.
—Soy el yerno de uno de los candidatos a ministro, si me matas, te quedas sin trabajo.
—Y yo soy el jefe de seguridad de la presidencia, y tengo a la viceministra de testigo, todos le creerán a alguien de nivel alto —respondió con simpleza —. ¿Se encuentra bien? ¿Le hizo algo?
—No, estoy bien, pero repórtalo y que se aleje de la casa presidencial.
—Como diga. Muévete.
Se lo llevó a empujones y me les quedé viendo. ¿Por qué preguntaba por Ronan?
Me moví por la casa presidencial, entrando a la basa militar que estaba del otro lado. Los militares entrenaban bajo el poco sol que quedaba. Me fui hacia dentro y busqué a una persona que me podría dar esa información y más.
Me metí en los vestidores y me topé a Khan saliendo de la ducha, solo con su pantalón de vestir. Iba recién duchado.
—Khan —lo llamé y me miró sobre su hombro.
—¿Qué quieres? No debes venir a un lugar donde están los hombres posiblemente desnudos.
—Si, lo que digas, ¿qué sabes de Ronan?
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Dulce Condena [+21]
Ficção CientíficaÉl era una bestia. Ella era un castigo. Khan Wagner no era bueno. No era el tipo de hombre al que deberías acercarte para algún tipo de relación. Era sádico, frío y perverso. No le importaba el bienestar de nadie más que el de sí mismo. Líder de lo...
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