|| Capítulo 4 ||

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Verdadera identidad.


Khan.


Moví la lengua con molestia contra la herida de mi labio, la mejilla la tenía caliente por la bofetada que me dio esa maldita cría barata. Sabía defenderse, o al menos tiraba buenos derechazos. Maldita cría de mierda, cuando la vea de nuevo va a arrepentirse de haberse siquiera atrevido a levantarme la mano para golpearme.

Le di un trago al whisky y miré de reojo el club, hoy al ser lunes la cosa estaba más tranquila al parecer, y mejor, me hastía el relajo y las personas todos amontonados como morbosos.

Miré desde la oficina el escenario, lo tenía justo en mi visión para verlo todo. Del otro lado tenía la jaula donde peleaban.

Golpearon la puerta y vi a la mujer bartender y organizadora llamada Karol entrar con una carpeta. Pasó saliva al verme varias veces y tropezó con sus propios pies, dejó lo que le pedí hace alrededor de dos horas y se retiró.

Solté el vaso y tomé el perfil que que quería. Lo abrí y vi su foto, su flequillo caía sobre sus verdosos celestes, el cabello rojo le daba el toque.

Pero no era nada que ver a la cría que vi hoy, usaba una identidad falsa eso era claro. La que vi en la cafetería era... extravagante y esa mirada, tenía unos caóticos ojos que por más que quisiera no podría olvidar. Jamás vi esa combinación tan insana y delirante en una mirada.

Uno de sus ojos era café y el otro era azul, tenía heterocromía y una alucinante. Su cabello era corto hasta los hombros, castaño, que resaltaba esa infernal mirada.

Tensé los músculos con solo recordar a la cría en lo natural.

Era...mierda

Apreté los puños y leí el nombre que seguramente no era el real.

Nombre: Adeela.

Edad: 21 años.

Arqueé una ceja. La maldita venía con una identidad que no era suya, y me daba curiosidad saber porqué. Aquí nadie se escondía bajo ningún seudónimo, pero ella si.

Era una bailarina profesional; danza árabe, bachata, Breakdance, sabía todo tipo de danzas y bailes.

Solté la carpeta sobre el escritorio, nadie tiene permitido saber que yo tomé éste negocio, el cual era de Evan. Claro, las mujeres en el escenario eran tranficadas y compradas por los bastardos que se sentaban a verlas.

Yo no me metía en esas mierdas, solo manejaba lo que me convenía, de esa parte se hacía cargo Frederic. Pasaba de tener que encargarme de esas mujeres y sus griteríos cuando se daban cuenta que éste no era un club común como se hace ver. Por eso estaba bien oculto. Parecía una casa normal pero detrás de las puertas era una taberna de mafiosos, asesinos, compradores y apostadores.

Me sorprende que aún no hayan comprado a la cría, pero según supe llegó hace poco y ha vuelto loco a muchos. Movía bien el culo, no se iba a negar eso.

Al ser la más joven valía bastante, pero me da curiosidad el saber porque no la han comprado, y ahora su identidad llamaba más mi atención.

Me dejé caer contra mi silla y masajeé mi boca con frustración, era la jodida primer mujer que se atrevía a ponerme un dedo encima, y va a ser la última, porque le voy a cortar la mano. Nadie va a salvarla.

La puerta se abrió y vi a mi mejor amigo de siempre Blade, su cabello negro de marica iba húmedo y sus asquerosos ojos negros me miraron. Su rostro de pocos amigos chocó con el mío.

Dulce Condena [+21]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora