Funeral y enfrentamiento.
La puerta de la habitación del hospital en el que me tenían fue abierta y la doctora a la que le estaba pidiendo el alta entró con una planilla en la mano.
—Acaban de firmar su permiso para darle el alta, ya puede irse —me avisó, la miré sin comprender absolutamente nada.
—¿Quién firmó? —pregunté sin ánimos.
—Yo, cría.
Alcé la cabeza hacia ese maldito bastardo que apareció en mi campo de visión como si nada. Mis puños se apretaron con tanta fuerza que mis uñas largas se clavaron en las palmas de mis manos.
No tenía fuera siquiera para discutir o decir algo, pero verlo ahí, de pie frente a mi me enfadó demasiado.
—Tú no eres nadie para firmar nada. Solo lárgate, y regresa de donde viniste.
No se inumutó y eso fue lo peor. Se dio la vuelta y se fue, dejándome con el nudo de enojo en la garganta. Tenía tantas ganas de romper cosas, pero no tenía la fuerza para hacerlo por más que creyera que si.
Había perdido todo lo que me quedaba en este mundo cruel. Mi padre. Me había quedado en la maldita soledad y crueldad del mundo.
Me vestí y me fui del hospital con un horrible dolor de cabeza, no tenía ganas de nada más que de morirme. Vi a Frederic esperando por mi, iba vestido de negro, sacudí la cabeza en negación cuando me entregó ropa negra para que me la pusiera. Me negaba a aceptarlo.
—Evan no te hubiese querido así, Kassia, así que levanta la cabeza y no la bajes. Eres dueña de todo Manhattan.
—Es algo que no me importa, Frederic.
Me subí en la camioneta y me vestí ahí dentro, él entró cuando le dije. Apoyé la cabeza contra la ventanilla y miré en todo el camino a la nada, con mil y un pensamientos. Tenía tantas cosas en la cabeza que sentía que me la estaban golpeando con un bate, una y otra vez.
—Lo sabía, ¿cierto? —le pregunté —. ¿Sabía que moriría?
Me miró a través del espejo retrovisor y asintió.
—Y no me lo dijo, no... él sufrió solo.
—No quería que tú lo supieras.
—¡Pues debí! Era mi maldito derecho —siseé con fuerza.
Me llevé las manos al rostro con enfado. Me enfadaba el hecho de que nadie me dijera nada y yo tuviera estúpidas esperanzas.
—Baja —me avisó al rato.
Miré el cementerio y mi estómago se oprimió al ver a lo lejos a sus amigos, socios y demás. Bajé de la camioneta y caminé a paso lento por el césped, sin ánimo de nada. Solo quería desaparecer y que me dijeran que todo esto era una maldita pesadilla.
Vi el ataúd frente a mi, todos dieron un paso atrás cuando llegué. Tomé las rosas que me dieron y me dejé caer de rodillas contra el duro césped, mis mejillas se empaparon en lágrimas.
—Te amaré para siempre, papá —susurré, dejé caer las rosas sobre la madera y me quedé ahí, sin ganas de separarme de él.
No me apetecía moverme de aquí, no tenía el ánimo ni la fuerza de querer ponerme de pie y alejarme de él. Fue lo único que tuve desde siempre. El único que estuvo conmigo. Cuidándome.
Mi papá.
—Hora de irnos, Kassia.
Me avisó Frederic, negué, no tenía ganas de separarme de mi padre.
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Dulce Condena [+21]
Ciencia FicciónÉl era una bestia. Ella era un castigo. Khan Wagner no era bueno. No era el tipo de hombre al que deberías acercarte para algún tipo de relación. Era sádico, frío y perverso. No le importaba el bienestar de nadie más que el de sí mismo. Líder de lo...
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