|| Capítulo 41 ||

2.4K 124 13
                                        





Peleas y visita inoportuna.






Daniel se despidió de mi a medianoche y se fue a su casa, lo estreché contra mi cuerpo en un abrazo fuerte. Era el único en el que podía confiar ciegamente, papá confiaba en él, yo también lo haré.

—Apenas termine de leer los papeles te avisaré —me dijo.

—Si, claro. Cuídate —asintió, se despidió de Elaine y se marchó. Mis ojos se fueron hacia Ronan que se fue a los minutos, Loren se acercó a nosotras, me miró de reojo, su brazo se deslizó por la cintura de mi mejor amiga tan posesivamente.

—¿Desayunamos juntas mañana? —propuso Elaine.

—Si, claro.

Nos despedimos y se fue, miré sobre mi hombro a Loren que me echó un vistazo y entrecerré los ojos.

—Cuidado y le robas el marido a tu mejor amiga —la voz de Lorey se hizo presente, la miré fijamente con desinterés absoluto, no me apetecía volver a esto.

Quise moverme a un lado pero se interpuso en mi camino.

—Khan me devolvió el puesto, ¿lo sabías? —sonrió con suficiencia —. Qué pena que ni tu esposo te respete.

—Te duele, ¿no? En el fondo estás demasiado ardida como para siquiera disimular que no lo hace — me burlé.

—Es que no lo comprendo, él jamás se le pasó por la cabeza casarse o formar algo con alguien. ¿Qué rayos vio en ti?

—Lo que seguro no vio en tí—me reí —. Pero descuida, ve detrás de él, no soy celosa, yo si no peleo por hombres. Estoy centrada en mi como para siquiera bajar la mirada a alguien que no me llega ni a los talones. Si me disculpas.

Pasé por su lado con una media sonrisa, era tan obvia al hacer esas escenas. Estaba ardida en celos la maldita y no solo ella, a Lilly también se le notaba a leguas.

Giré la cabeza al sentir la presencia de Khan, pidió algo fuerte para beber y me miró.

—Déjate de hacer show —me dijo después de unos segundos de analizarme.

—Yo no soy quien hace show, Wagner, ve y dile eso a tus amantes, ¿qué culpa tengo yo?

Tomé mi trago y me senté en un taburete, pero me empujó a un lado.

Le golpeé el torso y apretó los labios con algo de dolor, bajé la mirada a su torso, le abrí un poco la camisa y vi una herida de navaja sobre su bíceps izquierdo, a nada de tocar uno de sus tatuajes.

—¿En qué andas tú?

—Peleas —apartó mi mano y lo miré de reojo, posé mi mano sobre sus mejillas y me miró seriamente.

—Si sabes que tienes fiebre, ¿no?

—No.

—Deja de agarrarme.

Lo aparté de un empujón y se hizo hacia atrás.

—¿Por qué? ¿Te pones nerviosa?

Dulce Condena [+21]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora