|| Capítulo 15 ||

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Advertencia y cuidados.


Dejé caer el vestido contra mi cuerpo, se me pegó como una segunda piel y me gustó ya que remarcaba mi silueta. Giré y me miré frente al espejo, portaba un vestido largo, hasta el suelo, ajustado pero que me permitía caminar, era rojo, de mangas cortas y espalda descubierta con una cadena que se deslizaba en dos capas.

Lo había convocado con tacones del mismo color. Mi cabello castaño lo dejé en un moño, mi flequillo lo tomé con pequeños invisibles negros, dejando al descubierto mi espalda.

Pasé unos guantes blancos hasta mis codos, el evento era jodidamente formal y debía asistir con lo mejor que tenía, tuve que sacar del clóset mi mejor vestido.

Nunca lo había usado, papá me lo regaló para mí cumpleaños número dieciocho, hecho único para mí en Chanel, solo existía un único modelo, y me gustaba eso. Era exclusivamente para mí.

—¿Necesitas ayuda, niña? —me preguntó una de las sirvientas, Sylvia, la conocía desde que tengo memoria.

Sonreí.

—¿Qué dices? ¿Como luzco? —me di una vuelta sobre mi eje y sonrió ampliamente.

—Como una hermosa mujer que eres —me acomodó los guantes y me miró frente al espejo, nostálgica, apreté los labios —. Lo siento, Evan estaría muy orgulloso de la mujer que eres, Kassia.

Me dio un beso en la mejilla y se retiró de mi habitación, tomé una bocanada de aire, si lloraba ahora se me iba a arruinar el maquillaje. Me abaniqué y me eché un último vistazo frente al espejo, tomé un abrigo y salí de casa, las camionetas ya estaban listas para mí.

Vi mi seguridad por doquier, en cada esquina. Abordé una de las camionetas y emprendimos viaje hacia la casa de la presidencia.

Moví la pierna con impaciencia, solo quería acabar este estúpido día e irme a ser una maldita chica de veintiún años, pero debía aceptar que no era un simple chica de veintiuno.

Suspiré y apoyé la cabeza contra el cristal de la ventanilla, mirando la calle y las casas pasar. Papá me había dejado con una enorme responsabilidad, pero eso me protegía y me ponía como la persona más importante de todo New York.

Abrieron mi puerta, bajé y me quité el abrigo, caminé hacia dentro de la casa presidencial. Mi seguridad me respaldo detrás, empujando las puertas para mí, todos dirigieron su atención a mi y caminé siendo el jodido centro de atención.

Mis ojos captaron a Frederic, Daniel, Ronan, Elaine y su esposo. Me fui hacia el centro, donde me esperaban, y sonreí de lado.

—Kassia, es bueno que hayas decidido tomar el puesto —dijo Daniel, estreché manos con todos, a mi amiga le besé la mejilla. Mis ojos fueron hacia Ronan Stone, sonrió de lado, era el mejor amigo de papá.

—Kassia, tu padre te dejo todo New York en tus manos, espero sepas utilizar el poder que tienes.

—Papá —le riñó Elaine entre dientes.

—Solo digo, cariño, que sepa a lo que se enfrenta, todo un país entero es difícil de comandar para una niña tan joven como ella.

Elaine se llevó la mano al rostro y negó.

—Un error y estaremos acabados todos —comentó Loren, lo miré de lado, sin siquiera tener ganas de dirigir toda mi atención a un imbécil como él.

Dulce Condena [+21]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora