|| Capítulo 1 ||

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Fráncfort del Meno/ Alemania.

Khan.


Le quité el puñal del corazón al idiota frente a mi y cayó al suelo, muerto. Mis hombres me dieron un trapo para limpiarme las manos de su asquerosa sangre. Solté la navaja contra el suelo y me di la vuelta para irme a mi penthouse.

Encendí un cigarrillo, deja solo rojizo de la sangre. Recosté la espalda contra el asiento de la camioneta, mirando de reojo mi iPad mientras organizaba unas reuniones pendientes que tenía.

Solté el cigarrillo por la ventanilla, llegamos al penthouse y bajé, el portero me miró de reojo, seguí por el ascensor y me deshice de mi gabardina apenas entré. Solté mi blazer y me fui hacia el baño para quitarme está sangre.

Me miré frente al espejo con el mentón rojizo en sangre. Para nadie era un secreto de mi instintos salvajes para todo, pero aún más asesinando. Nací siendo un hijo de puta y moriré siéndolo.

Dejé que el agua cayera sobre mi y pasé mis manos por mi cabello. El agua arrastró toda la sangre de mi cuerpo, cerré los ojos, dejando que el agua fría golpeara con fuerza mi rostro.

Salí con mi chándal cuando oí mi móvil sonar con jodida insistencia. No vi quien era y solo atendí.

—¿Qué mierda quieres?

—Khan, será mejor que le bajes a tu malhumor y vengas a Manhattan.

—¿Para qué mierda iría? No tengo nada que hacer ahí.

—Evan está muriendo, necesita verte.

Apreté los puños con fuerza apenas mencionó a ese hijo de puta. Era mi jodido padrino, amigo de mis padres, cuando ellos murieron de niño me dejaron a su cargo, pero me destruyó tanto la vida que me dejó así de jodido.

No quería oír nada de él. El reformatorio al que me envió me dejó con ganas de volver a verlo y romperle la cara. Qué estuviera muriendo era una buena noticia.

—Me sabe a mierda. Qué se pudra en el infierno, ahí lo veré en algún momento.

Quise colgar pero no me dejó.

—Necesita verte. Sabes que ya no puede ordenarte, trabajas para ti mismo. Solo ven, es importante y te va a interesar.

Le colgué y arrojé el móvil contra la cama de mala gana. Si mi humor era una mierda ahora lo era el doble. No me apetecía nada viajar a verlo, solo me interesaba recibir la noticia de su muerte.

Tensé los músculos. No sé qué carajos querrá de mi, pero que se joda.

Bajé a la cocina por una botella de agua. El silencio del lugar era propio aquí, solo era yo, y la empleada que venía a limpiar todo los días, pero vivía yo solo.

Me gustaba la soledad, es a algo a lo que me acostumbré bastante. Ya era parte de mi.

Me fui con mi laptop a la cama y trabajé hasta la madrugada. Tenía negocios que atender ante el alto mundo.

Mi móvil no dejó de sonar con insistencia en toda la maldita semana, tocándome los putos huevos, así que viaje el fin de semana a Manhattan para acabar esto y yo mismo pegarle un tiro al hijo de puta.

Evan Roger; un maldito vegete con poder y dinero que acogía niños y los usaba a su favor el muy malnacido, pero ya le llegó la hora de pagar y nada mejor que eso, nadie va a extrañarlo.

Su miserable existencia no es grata para nadie, ni siquiera para el bastardo de Frederic que me llamó y fingía ser su socio. Qué se jodan todos.

Odiaba a los Roger con toda mi alma, suerte solo quedaba el último y lo exterminaría de la faz de la tierra. Aunque, quizá verlo sufrir sea más placentero que matarlo de un tiro.

Dulce Condena [+21]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora