Un hombre sin escrúpulos ni sentimientos.
Ronan hablaba con Elaine mientras su casa estaba rodeada de policías, Loren iba pendiente pero algo enfadado, al parecer no le agradó mucho que mi querida mejor amiga lo haya esposado para irse a divertir. Ronan no dijo nada con respecto a quien podría ser la persona detrás del atentado que amenazó a su hija pero casi acaba con la vida de ambas.
Estar en la política o en un estatus social alto siempre iba a tenernos en la mira, éramos un blanco fácil ante las cámaras y para todo aquel que pueda o quiera ir por nosotras. Ronan era una figura pública y para herirlo de alguna manera era obvio que irían por algo que él quiere: su hija. Era lo único que tenía, su esposa falleció cuando Elaine tenía quince años, una enfermedad al corazón.
Ella era hija única y Ronan pese a ser un témpano de hielo, lo único que al parecer le importaba era Elaine o eso aparentaba ante todos.
—Yo me retiro, si necesitas algo, házmelo saber, ¿si? —le pedí a mi amiga, asintió.
—Te acompaño —dijo Loren y lo miré de reojo.
—Conozco la puerta, pero gracias —respondí. No sé qué pretendía pero no me agradaba mucho su forma de verme o...tratarme. Tomé mi gabardina y salí de casa de ellos, yéndome hacia las camionetas de mi seguridad.
Masajeé mi cuello, la explosión estuvo a punto de estallarnos en pedacitos a ambas. Sentí algo líquido detrás de mi oreja y pasé los dedos, retiré sangre y suspiré. Los problemas y el peligro eran parte de mi vida, no podía faltar un solo día esa adrenalina de peligro.
—¿Se encuentra bien, señorita? —me preguntó uno de mis guardaespaldas. Benjamín. Era el que más pendiente a mi se la pasaba.
—Si, eso creo —respondí, asintió pero me mantuvo al pendiente, mirándome de reojo a través del espejo retrovisor. Ni siquiera me había dado cuenta de la herida —. Necesito que investiguen a alguien. Vayan al club en el que estuve hoy y me averigüen el nombre de un bartender: era alto, cabello castaño, corto a los lados, y ojos negros. Si mal no recuerdo tenía un tatuaje en el dorso de la mano, una araña.
—Lo haremos, enviaré a alguien de seguridad —respondió Benjamín, asentí y bajé de la camioneta cuando llegué al penthouse. Subí por el ascensor, pasé la tarjeta de acceso, supuse que Khan no estaba en casa.
El silencio del enorme penthouse me recibió, me quité los tacones, pateándolos lejos de mi, bajé la mirada a mi pierna derecha y vi una pequeña herida.
Ni siquiera me di cuenta de que estaba herida, la bomba estalló algo cercana pero tuvimos tiempo de alejarnos. Quizá algunas lasquillas del auto me dañaron, y seguramente habrán llegado a Elaine también.
Ni siquiera las sentí a las herdias. Seguro que fue la adrenalina.
Subí a mi habitación, me quité el vestido, revisando mi cuerpo. Solo tenía esas leves heridas, nada grave. Me puse un pijama, exahusta, había tenido mucho por esta noche como para siquiera ponerme a pensar en algo.
Me lancé a la cama, quedándome dormida. Desperté cuando mi móvil comenzó a sonar, abrí los ojos, desorientada por completo. Tomé el móvil y vi la hora, apenas eran las cinco de la mañana, solo dormí una jodida hora.
—¿Si?
—Lamento molestarla, viceministra, pero acabamos de ser avisados de su atentado y el de su amiga.
Rose.
—Si, pero estamos bien.
—Se necesita su presencia hoy a las 7:30 am para una reunión de urgencia.
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Dulce Condena [+21]
Science FictionÉl era una bestia. Ella era un castigo. Khan Wagner no era bueno. No era el tipo de hombre al que deberías acercarte para algún tipo de relación. Era sádico, frío y perverso. No le importaba el bienestar de nadie más que el de sí mismo. Líder de lo...
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