|| Capítulo 85 ||

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El nuevo ministro y reencuentro.

Un mes después...

Prendí fuego hasta la última pertenencia de Kassia, no quería tener nada de su jodida existencia a mi alrededor. El penthouse estaba inundado en su aroma y más su habitación, así que tiré todo abajo. Me hastiaba su olor y sus cosas en donde estaba yo. No quería nada.

Era una maldita traidora, pero iba a morir por mi causa no por la de Benjamín, apenas saliera del coma iba a ir por ella y estrangularla con mis propias manos, viéndola a los ojos como dejaba de existir. Era una Roger, no podía esperar menos de alguien que llevaba ese apellido.

Benjamín logró huir, pero se le quedó una hija y sé que pronto iba a volver, porque no tenía ganas de convivir por mucho más tiempo con Ava.

Entré a la presidencia después de estar dos semanas sin venir y vi a todos esperando por mí.

—Felicidades, eres el nuevo ministro de Manhattan —dijo Lilly, mis rivales no estaban, era el único en pie y fue tan fácil deshacerse de ellos. Mientras todos se preocupaban de la salud de la viceministra, yo me ocupaba de desaparecerlos con un simple chasquido de dedos.

De Ronan se ocupó Blade y ya no iba a ser un problema para mí, finalmente le dieron los huevos de matarlo o al menos, de desaparecerlo de mi vista.

—¿Y su primera dama? —me preguntaron, miré de reojo a las mujeres de alrededor botar la saliva por mí, pero ninguna fue de mi real interés.

Apreté los puños, guardándome las manos en los bolsillos de mi pantalón. Esa pregunta era absurda, no necesitaba de una mujer para ser quien soy, y eso se lo iba a dejar saber.

—Aún la mantendré en secreto —me limité a decir.

—Necesitas una mujer para cumplir ese rol, es importante —volvieron a hablar.

—¿Quieres ocupar tú ese estúpido lugar? —le gruñí y ella apretó los labios —. Ahora soy el ministro, así que tendré una primera dama cuando se me de la jodida gana. Tampoco es como si la necesitara, cualquier mujer por estar en donde estoy hará cualquier cosa, y necesito una primera Dama, no una zorra con avaricia de dinero y poder.

Tods se me quedaron viendo, sin moverse de sus lugares.

—Basta de pura mierda de interrogatorio, lárguense a sus puestos.

Me abrí paso y miré de reojo la oficina de la cría, saliendo para afuera. Los soldados alzaron las manos en forma de saludo para mí y seguí caminando. Liam me echó un vistazo de reojo, sin decir nada.

—Khan —la voz de Rebeka se hizo presente y la miré. El disparo que le dieron en el brazo hace un mes ya había mejorado, aunque la bala le había atravesado de punta a punta la piel.

—¿Qué quieres?

—Despertó —soltó. Mis músculos se tensaron de pies a cabeza, luego de un mes en coma despertaba. No estaba muerta y eso era gratificante para mí de alguna forma. No fue Benjamín quien me quitó mi posibilidad. Siempre lo dije: ella iba a morir por mi causa y mis manos. Estaba destinado para matarla, Evan dejó a su hija en las manos equivocadas y se va a retorcer en la tumba por eso.

Encendí un cigarrillo, quedándome mudo por varios minutos. Tenía mis planes para ella, pero no quería verle la cara por mucho tiempo más.

—Bien —me limité a decir. Ella se retiró, había tomado el puesto de viceministra, y aunque aún quería a Kassia, sabía que, si estaba de su lado, iba a ser una jodida traidora para mí.

Dulce Condena [+21]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora