Primer atentado.
Deslicé el bolígrafo por la hoja después de leerla bien, ya no caía en eso de no leer antes de firmar, y menos siendo quién era. Me restregué los ojos con frustración, llevaba horas sentada en la silla de mi oficina de la casa presidencial, ya entendía porque papá se pasaba mucho tiempo fuera de casa.
Esto era algo que tomaba gran parte de tu día y semana. Revisé mi móvil, tenía un mensaje de Elaine y Adrien. Vi el de mi mejor amiga primero.
Elaine: Perdida, hace días no sé nada de ti. Repórtate joder.
Kassia: Lo siento, no he tenido tiempo de comunicarme, he estado trabajando toda la semana.
Leí de reojo el de Adrien.
Adrien: ¿Puedo verte?
Hice una mueca.
Kassia: Fui la otra noche a verte y me dijeron que no estabas, pero si tu auto, curioso, ¿no?
Era un idiota, seguro estaba con alguna chica y a mi no me importaba no es como si fuéramos algo, pero su estúpida actitud me molestaba.
Adrien: Si eso, lo siento, me dijeron mis hombres y no es que quise evitarte es solo que estaba mi padre y no quería incomodarte, es un idiota.
Se creía que iba a comerme ese estúpido cuento. Pasé por alto el mensaje y seguí en lo mío un rato más, hasta que la puerta de mi oficina se abrió bruscamente, me alarme al ver a dos hombres armados, me puse de pie enseguida. No los conocía.
—Viceministra, es bueno verla sola —uno de ellos tiró a matar pero me moví a tiempo, quise presionar el botón de alarma debajo de la mesa pero me tomaron del cabello, le clavé el codo en el rostro al sujeto que me sostenía, el otro me apuntó y alcé las manos.
—Quieta, preciosa —el que estaba detrás de mí me empujó de cara al escritorio, apreté los dientes ante el abrupto golpe —. Qué desperdicio, matar a una hermosa yegua como tú es un completo asco.
—¿Matar? ¿Quién los envía?
—Seguro te diremos y todo —se burló el idiota frente a mi, quise moverme pero que me diera con el mango de su arma en la cabeza me desestabilizó.
—Oye, no seas tan bruto, es una dama —dijo el que me sostenía detrás, vi los papeles mancharse de sangre ante el golpe. Me empujaron contra la silla y cerré los ojos por unos segundos.
El mareo del golpe se intensificó pero me mantuve despierta.
—Dama mis huevos, éstas niñatas ricas son las peores. Mírala, tiene cara de que le gusta estar de rodillas y no precisamtente para rezar —se rió con hastío el imbécil que me golpeó. Lo miré de reojo con los dientes apretados, tenía mi arma en mi bolso, y estaba en el sofá, tanteé rápidamente debajo del escritorio y saqué una navaja, se la arrojé al idiota que me golpeó y se la clavé en el cuello, desarmé al que tenía a mi lado, apuntándole y tirándole a los pies.
Cayó al suelo pero logró huir, presioné el botón rojo y salí de mi oficina, viendo a mis dos guardaespaldas muertos. Las alarmas comenzaron a sonar y corrí detrás del idiota herido.
Necesitaba saber quién los envió, el único bocón y vivo era él.
Disparé hacia sus pies pero logró esquivarlo, empujó las puertas principales, al salir se encontró rodeado de seguridad y hombres apuntándole.
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Dulce Condena [+21]
Ciencia FicciónÉl era una bestia. Ella era un castigo. Khan Wagner no era bueno. No era el tipo de hombre al que deberías acercarte para algún tipo de relación. Era sádico, frío y perverso. No le importaba el bienestar de nadie más que el de sí mismo. Líder de lo...
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