*Basada en la saga Rápidos y Furiosos*
El señor Toretto murió en un accidente de carreras, Jakob huyó y Dom fue enviado preso, así que Kelly se vuelve la cabeza de familia. Ahora que están reunidos todos los Toretto, compiten en carreras callejeras...
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Juliana la recibió en el aeropuerto, se sorprendió de no ver a su prima ahí, pero tenía lógica, aún los buscaban. Le pidió a Mía que no se acercara o podrían ir tras ella y es lo que menos querían, arriesgar a la única parte buena de la familia. Juliana brincó a su cuello para recibirla, mas no le dijo nada, se le veía triste. Condujo no hasta la casa, sino al cementerio, donde abrazó a su prima y Mía se permitió llorar, era su mejor amiga, su hermana. Las tres eran muy unidas y Kelly sollozó con fuerza, no podía creer que ella se fuera primero, la ventaja que ahora cuidaría de su hermano.
—Mía, ¿está todo bien?
—Quiero ir al lugar del accidente...
—Dom— suspiró sorprendida lanzándose a sus brazos.
—Tu conduces, pequeña.
***
—Más adelante— dijo Mía cuando todos bajaron. Dom avanzó a mitad de la calle y vio las marcas de derrape, casi como si el accidente pasara frente a sus ojos, intentando entender qué pasó exactamente.
—¿Qué ves?
—No fue un accidente.
—Seguro eso ya lo suponías.
—Había quemaduras en el piso. Del tipo que solo hace el nitrometano. Hay un solo tipo que lo vende en todo Los Angeles.
—Nada de lo que hagas va a regresarla, Dom— dijo Mía—. Si yo fuera Letty, te pediría. No, te rogaría que por favor, lo olvidaras, antes de que sea demasiado tarde.
—Ya es demasiado tarde— dijo Dom.
—Te quiero— besó la mejilla de su hermano y bajó.
—Promete que nos mantendrás informadas.
—Sabes bien que sí— le besó el dorso de la mano y ella bajó.
—¿Señorita Toretto?
—¿Diga? — hablaron ambas.
—Debemos hablar— dijo el agente del FBI.
***
—Ahí viene tu novio.
—No hables— se quejó Mía por lo bajo.
—Las voy a transferir— la rubia sonrió de forma disimulada luego de que las sacaran.
—Ustedes deben hablar, te veré en la casa— dijo Kelly, se alejó un par de calles antes de teclear el marcado rápido, sabía que no le contestaría y no perdía la esperanza de un día escuchar su voz—. Hola, soy yo otra vez, he estado llorando y pensé que podríamos ir a visitar a mi hermano, ya sabes, como en los viejos tiempos: Jesse, tú y yo. Llámame, ¿quieres?
—Hola, bonita, ¿quieres transporte?
—Creí que habías dejado el volante.
—Las carreras, esto es solo para dar la vuelta de vez en cuando, despejar la mente...
—Córrete al copiloto— sonrió Kelly antes de subirse—, es un buen auto para solo despejar la mente.
—Iba a ir a sacarte, un informante me dijo que las subieron anoche.
—Un poco tarde, ¿no?
—Estaba en una misión, me mandaron un par de kilos para que mi madre vendiera.
—Agárrate— se mordió el labio inferior al dar una vuelta en U y pisar el acelerador a fondo. Bajó las ventanas de ambos lados para que el aire raspara con sus puertas, esquivando a cada auto que hubiera en la calle—, creí que solo vendían para mocosos y sus fiestas.
—¿Por qué, quieres un poco?
—Sabes que yo no fumo.
—Si tú me enseñaste.
—Ahora nadie te dará gato por liebre— ladeó la cabeza.
—¿Un trago?
—La casa invita— torció a la derecha y estacionó en un bar—. Dame dos de este lado— palmeó la barra mientras subían a los taburetes—. ¿Qué más ha cambiado desde que me fui?
—Mi hermano vino para organizar las carreras por ustedes, Mía sigue administrando el dinero, ya sabes que es la mejor en ello y yo sigo con las ventas de un proveedor muy confiable.
—Entonces podré entrar, ¿no?
—Eres una Toretto, ustedes son los reyes de la calle.