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—Trae tu equipo, esto te va a encantar.

—¿Me llevarás de paseo?

—Dijiste que eras corredora.

—La mejor.

—Yo lo decidiré.

Y sí, había carreras callejeras en el centro de Londres. La rubia llevaba de vuelta su típica falda corta con converse, un top de encaje y un chaleco de mezclilla y sus típicas coletas arriba de las orejas, con cierto maquillaje y daba la impresión de ser las prostitutas que preferían el rol de colegiala. Owen la recortó con la mirada antes de abrirle la puerta del auto. La rubia dedujo que su madre había tenido enorme presencia en su vida, pues eran contados los padres que educaban de esa forma a sus hijos, entre esos grandes se encontraba Jack.

—¿Dónde te dejo?

—Gana unos euros para mí y estás dentro.

—Creí que mi conjunto te había convencido.

—Solo te falta el bate.

—A alguien le gusta jugar roles en la cama— le guiñó el ojo antes de bajar y buscar al organizador, quien recogiera la cuota y apostó. Jugó para ganar tres carreras y, cuando fue a registrarse para la cuarta, apostó en contra, a que perdería.

—Perdiste.

—¿Seguro? — le lanzó fajo enorme de billetes.

—¿Por qué te dejaste ganar?

—Porque todo mundo quiere llegar a la meta y no ve la otra perspectiva.

—Te mezclas muy bien en este ambiente.

—Yo fundé las carreras en casa— se encogió de hombros.

—A posiciones.

—¿Tan pronto?

—Ya llegó Letty.

—¿La dejas venir a callejear cuando puede poner en peligro el plan?

—Te traje aquí, ¿no?

—Pero a mí me pusiste a prueba, ella lleva tiempo en tu equipo.

—Llegó el sabueso babeando por su novia.

—¿Enserio?

—Ese de ahí es Toretto, vamos, sube a ese lugar y espera mi señal.

—¿Y tú a dónde vas?

—No tengo por qué explicarte— frenó para que bajara, la rubia dudó un momento antes de correr a armar su rifle.

—Ya lo creo...

—Allá va y te vuelve a dejar. Esa es la voluble sangrienta.

—Podemos tener algo sangreinto.

—Una chica de calle. Comienza robando reproductores de DVD en Los Ángeles y termina robando cien millones en Río.

—No está mal.

—Es una buena historia, ¿no? Casi inspiradora. Lo que no pude entender es por qué él no está en una playa con esa hermosa brasileira. En vez de eso, está trabajando con el significante y mediocre de Hobbs. Y luego me di cuenta de que tiene un punto débil.

—Todos tenemos un punto débil.

—¿Sabes? Cuando yo era joven, mi hermano siempre decía que todo hombre debe tener un código. El mío es la precisión. Un equipo son las piezas importantes hasta que terminas el trabajo. Es eficiente, funciona. ¿Pero tú? Le eres leal a un desperfecto, tu código es la familia y eso es muy bueno en las vacaciones, pero te hace predecible. Y en nuestro tipo de trabajo, predecible es vulnerable y significa que puedo destrozarte cuando quiera.

—Por lo menos cuando me vaya, sabré por qué es.

—Bueno, por lo menos tenemos código, la mayoría no tiene. Por lo tanto, te daré una oportunidad. Toma tu equipo y aléjense, solo así tendrás a salvo a tu familia.

—¿Tu hermano nunca te dijo que no amenazaras a una familia? Es muy estúpido hacer eso, pero te lo voy a simplificar. Me alejaré cuando ella se aleje.

—Parece que este cuento inspirador terminó— en eso, Kelly le apuntó con su laser.

—¿Lo reemplazaste tan pronto?

—Déjame adivinar, Hobbs.

—El insignificante y mediocre del gobierno.

—Nos vemos, Toretto.

—Eso te lo aseguro.

—Strong, vámonos.

—Tardaste mucho— dijo ella cuando subió al auto. Shaw aceleró nada más subir, no se puso el cinturón, no podía por su enorme maleta.

—¿Quieres meter eso atrás?

—Claro.

Frenó luego de un par de calles. Kelly bajó del auto y abrió la cajuela para meter su equipo y antes de que se diera cuenta, justo al cerrar la cajuela, Owen ya la había empujado sobre la cajuela con brusquedad, bajó su bóxer y entró en ella con fuerza. Kelly jadeó de dolor y aguantó las lágrimas. Muchas personas decían que, después de tener sexo con un negro, se perdía la sensibilidad, pero ella sentía el ardor en su intimidad, sus piernas temblar de dolor y, muy seguramente, por la mañana, no podría moverse.

—¿Dónde te entrenaron?

—No donde a ti.

—Eso es seguro.

—Mi esposo era un líder de la mafia, un cartel.

—Dijiste "novio".

—Tecnicismos— se quejó con fuerza.

—¿Qué traficaba?

—Drogas, armas, el lavado de dinero era en varias de mis boutiques...

—Límpiate antes de subir.

La otra TorettoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora