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—¡Sáquenlo de ahí! — sostenían Dominic luego del caos que reinaba en la pista, una joven Kelly corría a sujetar a su primo, cualquiera de los dos

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—¡Sáquenlo de ahí! — sostenían Dominic luego del caos que reinaba en la pista, una joven Kelly corría a sujetar a su primo, cualquiera de los dos. León trataba de contener a Mía y Jesse.

—León, detén a Jesse.

—Kelly, no.

—Jakob, ayúdame, no te quedes ahí.

—¡Papá!

***

—Hay un par de documentos que debemos firmar, renuncias de responsabilidad. Todo lo demás está ahí afuera.

—Jakob.

—Quédate con Dom.

—¡Oye! Nadie puede estar aquí.

—¿Eres el otro hijo de Toretto? El inútil, ¿no?

—Oye, basta— intentó frenarlo cuando tomó la llave.

—Y la rubia tonta— la susodicha soltó a su primo.

—Lárgate.

—¿No puedo despedirme? ¿Es eso?

—No. Tú no, tú fuiste quien lo mató.

—Ser piloto de carreras lo mató. Sabía que lo embestiría contra la pared, no sé si bajó la velocidad. Lo juro, juro por Dios...

—¿Qué?

—Si no te vas...

—Ve por Buddy— lo frenó Dom empujando a Kelly en el proceso—. ¡Ahora!

—Bien, ahora vino el chico de oro.

—No quiero ni imaginarme lo que dirá de Jesse— torció los ojos cuando su primo la ayudó a levantarse.

—Vete.

—Dom, no es momento— la rubia le puso la mano en el pecho.

—Para ser la rubia tonta, es la de mejor ánimo.

—Repítelo.

—¿También me amenazas?

—Dom lo dijo simple, ¿quieres que lo complique?

—¿Qué les pasa a los Toretto? ¿Se creen héroes de sus historias?

—Quizá lo seamos.

—Te contaré un secreto, tú, tu papá y yo estamos atascados, dando vueltas por el mismo círculo, nunca vamos a salir.

—No eres ni la mitad del hombre que era él— dijo Dom, ahora estaban a la par.

—Al menos estoy vivo, imbécil.

—¿Qué dijiste?

—¡Quítate!

La rubia empujó a su primo antes de que lo repeliera. Claro que recibió un puñetazo al rostro. Pero nada importaba porque le desfiguraba el rostro al sujeto que mató a su tío y provocó a sus primos. Buddy y Dom la llamaban y eso no era suficiente para lograr detenerla, había explotado de ira y no se detendría hasta expulsarla por completo de su ser. Jakob veía horrorizado la escena desde una esquina.

—Vete.

—Ni lo pienses.

—Tienes que cuidarlos por mí.

—Te odio.

***

—No debiste golpearlo.

—Lo pensaste primero, cállate.

—Va a ir a prisión.

—Yo no puedo ir, tengo que cuidar a mi hermano.

—Y yo perdí el mío.

—Hablaré con él cuando terminen de procesarlo.

—¿Te dejarán pasar?

—Mejor quédate aquí, vete a casa y dile a los chicos que iré más tarde.

—Le diré a Mía que empiece con la cena.

—Oye.

—Ni lo menciones.

—Iré a visitarte cada semana, sin falta, aunque me rezongues.

—¿Ahora eres la terca?

—Alguien debe cuidar de la familia hasta que regreses.

—Y lo voy a hacer.

—¡Sin contacto físico!

La otra TorettoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora