*Basada en la saga Rápidos y Furiosos*
El señor Toretto murió en un accidente de carreras, Jakob huyó y Dom fue enviado preso, así que Kelly se vuelve la cabeza de familia. Ahora que están reunidos todos los Toretto, compiten en carreras callejeras...
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—Jack, Gisele, hora de irnos.
Sabían que su madre se había ido. Brian O'Conner encendió el auto y sus hijos corrieron a meterse en el copiloto, abajo. Conducía bastante rápido, pero no tanto como en sus días dorados al volante. Los hermanos se sostenían la mano esperando indicaciones de su padre. No les decía nada, se concentró en el camino y no lo desconcentraban con nada. El hombre volteaba por el rabillo del ojo, revisaba los espejos laterales.
—Pónganse eso.
Le tendió un pasamontaña a cada uno, se voltearon a ver y acataron órdenes. Brian derrapó y corrió llevando a sus hijos en brazos, ellos tenían una mochila propia. Ese era un tópico en la familia, que siempre los niños tuvieran su mochila con un cambio de ropa, o bien, con documentos para ellos, a veces para sus padres. Subieron al avión y los puso en un asiento antes de ir a la cabina del piloto.
—¿Por qué tardaste tanto?
—¿Tienes noticias?
—Hobbs y Shaw ya van camino a su misión.
—¿Deckard, Owen o Hattie? ¿O Magdalene?
—La estamos buscando, parece ser que Dante también la busca a ella.
—Mía activó la alarma, ¿has hablado con ella?
—No, primero dejaremos a los niños y luego la buscaremos.
—Bien, concéntrate en conducir. No contestes llamadas.
Brian no le dio tiempo a refutar, sabía que era una persona bastante dispersa y que le gustaba hacer chistes sin chiste en momento menos inoportunos. O'Conner no tenía tiempo para eso, pues su familia estaba desprolija por todo el mundo y con dificultades para comunicarse sabiendo que Dante podría escuchar sus llamadas y adelantarse a sus movimientos. Gisele y Jack seguían dormidos, era un viaje muy largo, Brian se concentraba en contemplarlos, hacía años que le costaba creer que esa era su vida. La disfrutaba, amaba a su familia, su lealtad a Mía superaba sus fuerzas mismas, pero, si alguien le hubiera dicho que su vida giraría las tornas a eso, no lo hubiera creído.
Estacionaron el avión y Brian se negó a despertarlos, con sumo cuidado, los cargó y bajó. De un movimiento indicó al piloto que pusiera todo en orden. Vio a Elle aproximarse. Abrió el coche para subir a los niños. Brian y Elle se abrazaron, se habían visto apenas de pasada, ya que él no estuvo en la misión donde la rescataron. Apenas y la reconoció por lo mismo, porque debió cambiar su físico para no ser reconocida por el Ojo de Dios.
—Las cicatrices te quedaron bien.
—Es maquillaje.
—Te acompaño.
—No, es mejor que no sepas dónde queda, porque a ti sí te siguen.
—¿Y qué te asegura que a ti no?
—Owen se aseguró de eso.
—Necesito despedirme de mis hijos.
—En realidad no. Ellos te volverán a ver, tú necesitas recuperar a tu familia, porque perdí comunicación con Deckard, Owen, Hattie, Kelly, Letty... temo que todos estén en manos de Dante.
—¿Y tu padre?
—Localizaron a Dom, pero perdí la transmisión.
—Prometo que volverás a ver a tu padre.
—No hagas promesas que no puedes cumplir.
—Eso es muy pesimista.
—¿No has visto las noticias? Murió el primo de León y la hermana de Elena, ¿qué me asegura que no me enteraré de la muerte de mi padre por las noticias?
—Procuremos no llegar a eso.
—Ve con Dios.
Brian vio por última vez el coche donde viajaban sus hijos, teniendo el mismo sentimiento que Kelly en su momento, ese desprendimiento de aquello que más amaban. Su única esperanza era reencontrarse con Mía para volver juntos por ellos. Vio el coche salir del aeropuerto privado. Brian se metió a bañar en un camper que había ahí. El agua fría lo hizo rejuvenecer en cierto modo y permanecer atento a cualquier cosa. Al salir, llamó al agente a gritos, pero no lo hizo a tiempo, vio cómo un misil se impactó en el avión, matando al agente en el acto.
Brian corrió sin mucho éxito, porque no había más coches por dónde escapar. Los bomberos no tardaron tanto en llegar y O'Conner se escabulló en busca de algún coche desprotegido para huir de ahí. Rápidamente, una camioneta negra, con los vidrios blindados y polarizados. Con algo de temor, se dejó ver cuando de ella bajó Hattie Hobbs, usando un radio comunicador, donde solo se podía comunicar mediante código binario. Brian suspiró con alivio al reconocerse.
—¿Estás bien? ¿Mía no estaba ahí?
—No, creí que ya la habían localizado.
—Aún nada.
—¿Y Hobbs?
—Llevando a las niñas y su madre al punto.
—Elle se acaba de ir.
—¿Crees que nos citarían en un mismo lugar con el clima que se respira?
—Excelente— siguieron su camino hasta la camioneta—. Tengo una pista de dónde podemos encontrar a Don Nadie.