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Algo no andaba bien. Llevaba mucho intentando contactar a su esposa y nada, su botón de peligro se había activado y seguía sin obtener respuesta. Hattie le dijo que lo intentara una última vez antes de iniciar protocolo, el cual no había, pero tenían experiencia en las fuerzas de alguna rama de algún país, así que algo bueno se les debería ocurrir.

—No creo que sea buena idea que siga intentando.

—¿Y qué hacemos?

—No podemos dar vueltas, alguien se dará cuenta.

—Seguro Dante ya notó que llegamos.

—Es cuestión de tiempo...

—Hagamos ruido.

—¿Disculpa?

—Vamos por tu esposa.

—Deberíamos esperar a tu esposo.

—No estás entendiendo, no tenemos tiempo. No sé nada de mi familia hace semanas y no sé si capturó o asesinó a mi madre.

Hattie tenía razón, Brian derrapó y giró en otra dirección. Esperaba que el elemento sorpresa jugara en su favor. Aunque seguramente ya lo esperaban. Hattie preparó sus armas, no sabía a qué se enfrentarían y, sin embargo, el lugar era un caos, había agentes retirando escombros del lugar, ninguno era alguno que reconocieran y parecía que los esperaban porque abrieron fuego. Brian volcó la camioneta de un volantaso y Hattie terminó de romper el vidrio para arrastrarse fuera.

—¿Así lo hacen en América?

—Perdón por no tener el tacto de los ingleses.

—Créeme, hay cosas que hacemos mejor que ustedes.

—Esperemos que el tiro sea tu especialidad.

—¿Quieres apostar?

—50 grandes a que le doy entre ceja y ceja.

—Yo doblo si supero tu cifra.

—Vamos, Gimli, déjame te enseño cómo lo hacemos en el Bosque Negro.

—Porque la rubiecita lo hará mejor que yo.

Shaw rio por su comentario y el de su interlocutor antes de que los dos rodearan la camioneta y comenzaran a disparar. Dicho y hecho, le dio entre ceja y ceja, ella no desperdiciaba ni una bala, los hería y luego remataba. Ambos peleaban para ver quién derribaba más agentes. Cuando paró el fuego de respuesta, ellos también lo hicieron, avanzaron con tiento, les quedaba un repuesto y quizá no sería suficiente para responder si llegaban más operativos. Sin embargo, nadie se movió, lanzaron una bomba de gas para saber si alguno fingía o necesitaban rematar a alguien.

—Detrás de mí.

—Te cubro— asintió ella.

Brian iba delante, con el arma en alto. Separaban las armas de los cadáveres, aunque estuvieran muertos todos esos agentes, no se iban a arriesgar. En cuando O'Conner retiraba el arma, Shaw buscaba signos vitales. Entonces entraron a la residencia, o lo que quedaba de ella. Ahí, en medio de la sala, estaba ella, su compañera de vida, entre escombros, sangre y cadáveres. Sus piernas se volvieron gelatina, su rostro se contorsionó y se deshizo en llanto; Hattie apenas alcanzó a sostener el arma que dejó caer.

 Sus piernas se volvieron gelatina, su rostro se contorsionó y se deshizo en llanto; Hattie apenas alcanzó a sostener el arma que dejó caer

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Brian se apresuró a desplomarse al lado del cuerpo ya helado de Mía. La sostuvo entre sus brazos y lloró a gritos desesperados por no tenerla. Hattie se arrodilló detrás suyo y no pudo hacer nada más que sostener su hombro. En ese momento, Brian O'Conner no encontraría consuelo alguno y Shaw no tenía palabras de aliento; las palabras sobraban en momentos como ese. A riesgo de ser interceptados por Dante y su gente, el ex policía llamó a unos viejos amigos.

—¿Cómo sabías que necesitaba un chocolate blanco?

Le dio una nalgada a Hattie y esta lo tomó del brazo para, acto seguido, poner la pistola en su cuello.

—¿Quieres hacerlo de nuevo?

—No eres Kelly.

—¿Dónde está Brian?

—Sigue adentro... no he querido importunarlo.

—¿Le pasó algo a Kelly?

—No... a Mía.

—Tego, Santos...

Primero uno, luego el otro, abrazaron al ahora viudo. Los cuatro entraron y los recién llegados se pusieron de rodillas junto a Mía, Brian ya la había puesto sobre una sábana blanca. Hattie seguía parándose atrás, había oído hablar de la hermana menor de Dom, pero no convivió mucho con ella para sentirse parte de ese rito. Los latinos ayudaron a llevarla hasta el panteón, junto a Jack, el patriarca, junto a Jesse. Un sacerdote ofició la misa y le dieron entierro, no había mucho tiempo por perder, pero en momentos así, debían darse el respiro. Desde el funeral de Han y Letty que no se daban esa oportunidad.

—¿Qué vamos a hacer?

—Debemos encontrar a Dom y Jakob— seguían en el panteón—. No sé si sacaron de aquí al pequeño B o debemos arrebatárselo a Dante.

—¿Y por dónde empezamos?

—Tenemos que comunicarnos con Kelly, ella debería tener santo y seña de todos.

—Hablaré con Deckard para que nos enlace.

—¿Y mi nieve de vainilla? — Santos intentó sonreírle a Brian.

—Es la cuñada de Kelly.

—Señorita....

—Casada.

—¿No tienes otra hermana?

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⏰ Última actualización: Jan 25 ⏰

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